¿Qué es la posverdad? - El SOMA

¿Qué es la posverdad?

Seguro que habéis visto y oído esta palabra más de una vez, pero ¿sabéis realmente lo que significa?

En 2016, el diccionario de Oxford la eligió como la palabra del año. No es para menos. Si en 1988 los Flechazos proclamaron que viviamos en la Era Pop, no queda duda de que ahora vivimos en la era de la posverdad.

Es posible que tengáis un concepto algo difuso de lo que significa este palabro. Así que voy directamente a la web de la RAE y me dice que la posverdad es “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en las actitudes sociales” Aclarado queda. Esta definición añade matices que la diferencian de la simple tergiversación o la mentira mediática y la emparenta más con la propaganda, aunque no es lo mismo, pero existe claramente en ambas esa apelación a los sentimientos por encima de la razón, ¿Cuál es la diferencia? Pues que si la propaganda centra su discurso en el ámbito ideológico y tiende a manifestarse en forma de eslóganes cortos, unívocos y fácilmente asimilables que se lanzan como dardos contra un destinatario al que intenta convencer, la posverdad adopta la forma de una afirmación o una conclusión que enmascara unos hechos a favor de otros con un claro sesgo ideológico. Consultando la Wikipedia descubro que también se la llama “verdad emotiva”, o cual da una idea más clara de su intención.

¿Y cómo ha aparecido esto? Pues la cosa es más antigua de lo que parece y ya en 1992 Steve Tesich , ensayista y dramaturgo de origen Serbio, lo usó en un ensayo en el que analizaba de forma crítica los escándalos políticos del Wtaergate, el caso Irán- contra y la guerra del Golfo. En dicho ensayo, Tesich afirmaba que la sociedad de los EEUU había decididio “vivir libremente en un mundo de posverdad”. El termino no aparece de nuevo hasta 2004, cuando Ralph Keyes publica el libro The post-truth era: dishonesty and deception in contemporary life. Sin embargo, el concepto no empieza a popularizarse hasta que el bloguero David Roberts la usa en la revista Girst, donde dio la definición anteriormente citada. Aunque la idea no es nada nueva, claro. Si nos ponemos a buscar antecedentes, George Orwell ya predijo algo parecido algo parecido en su novela “1984”, con su Ministerio de la Verdad y la neolengua, todo un cuerpo de eufemismos cuyo objetivo es enmascarar la realidad, distosionarla o reescribir la historia, que no es más que una extrapolación futurista de lo que ya hacía Stalin. Aunque quizá el más antiguo e ilustre precedente sea La Guerra de las Galias de Julio Cesar. Parece, por tanto que el origen del concepto va unido a regímenes personales y totalitarios.

Así pues, ya hemos aclarado su definición y cómo se gestó el palabro, pero queda dilucidar cómo ha llegado a popularizarse ser uno de los conceptos que definen el momento histórico que vinimos.

Eso no es tan fácil, pero sin duda hay que seguir la pista de las redes sociales. Estos foros públicos virtuales propician la difusión de la información de una manera nunca antes vista. Ya en los 90, cuando la tecnología de Internet empezó a popularizarse, se habló de la "Sociedad de la información", en la que, de repente el acceso a esta era tan fácil como dar unos cuantos clics. Este acceso masivo a una cantidad creciente de información ha derivado en una red informe, donde es más fácil perderse y caer, precisamente, en la desinformación. En medio de esta tesitura aparece el clickbait, término que nace de la unión de click (del ratón) y de bait, que significa anzuelo. Se trata de artículos y noticias con un titular llamativo que aporta un poco de información, pero no la suficiente, incitando al desprevenido lector a entrar en el enlace para leer el texto completo. La práctica del clickbait suele ir asociada a webs que se sustentan principalmente de los ingresos publicitarios, lo cual explica el uso de esta práctica. Aunque el origen se sitúa en 1999, no empezó a popularizarse hasta 2010, con el auge de las redes sociales, que supusieron el medio de difusión perfecto para este tipo de práctica. Actualmente, está en retroceso por la fuerte rechazo que ha producido entre los internautas.

¿Se puede establecer una relación entre la posverdad y el clickbait? Es posible. Ambos son fenómenos propios de la era de las redes socieles y el internet 2.0. Ambos apelan a los sentimientos antes que a la razón y ambos son, en fin, un llamativo envoltorio que enmascara intenciones ocultas y deshonestas. Nos hallamos ante dos conceptos sintomáticos de la realidad que vivimos en esta segunda década del siglo XXI, en donde el exceso de información se cobra su precio creando ciudadanos más desinformados que nunca. La gran duda es qué va a ocurrir a partir de aquí. El empuje de los dos mayores gobiernos populistas de la actualidad, los de EEUU y el Reino Unido, parece haber perdido cierta fuerza, en gran parte porque alcanzaron el poder a través de promesas espectaculares (un clickbait político, podríamos decir) que no se han correspondido con lo que la realidad podía dar de sí: el Brexit no se llevará a cabo si no es a costa de un doloroso perjuicio económico que el gobierno de Theresa May no quiso ver y el famoso muro en la frontera de Mexico, promesa estrella en la campaña de Donald Trump, no deja de ser una fantasía distópica salida de la mente de un indivíduo que recuerda demasiado a personajes paródicos como el Biff Tannen millonario y despótico del presente altenativo en “Regreso al Futuro II” o el presidente de los USA integrista cristiano de “2013: Rescate en L.A.” Por desgracia, las políticas populistas y la apelación constante a sentimientos identitarios viscerales, han creado graves tensones en el seno de dos países en los que las diferencias raciales, sociales y culturales siempre han estado a flor de piel.

Aunque la apelación a los sentimientos por encima de los hechos es la característica principal de la posverdad, no es la única: en esta época de multiplicación exponencial de los puntos de vista, parece aceptarse que no hay única verdad, o mejor dicho: que la verdad es opinable. Si en la posverdad los sentimientos tienen preferencia por encima de los hechos, no es de extrañar que estos sean ignorados en favor de la mera opinión. Esto es producto de una perversión del concepto de democracia, consecuencia de una degradación de sus valores enraizada en la desvalorización de la educación. He ahí, quizá el origen primario de la situación actual.

La posverdad, por tanto, es el rasgo distintivo de una era sobreinformada y confusa. Es difícil saber hacia dónde evolucionará la sociedad, pero no es descabellado suponer una superación, al menos parcial, de esta situación a consecuencia del hartazgo con el status quo. Depende principalmente de dos factores: de cuánto énfasis se ponga en la educación para prevenir la manipulación y del empoderamiento de la sociedad para frenarla. Son dos factores que se retroalimentan y uno no es concebible sin el otro, pero son nuestra esperanza para avanzar hacia una sociedad más libre y consciente sí misma.

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Autor

Hugo Mier

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