Miénteme, dime que me quieres - El SOMA

Miénteme, dime que me quieres

«¿De qué sirve confesarme, si no me arrepiento?»

(El padrino III)

“«Necesitaremos las últimas palabras de Williams antes de morir, mientras sube los 13 peldaños. Algo con mucha garra... Si quieres, te las inventas.»

(Primera Plana)

El 15 de febrero de 1898, el acorazado norteamericano de segunda clase Maine voló por los aires iluminando la noche de La Habana. El buque llevaba allí varado desde el 25 de enero y había sido enviado como parte de la estrategia de acoso del gobierno de EEUU para presionar a España para que vendiera Cuba y Puerto Rico a los estadounidenses. En la explosión murieron 254 marineros y dos oficiales, el resto de los 355 tripulantes estaban en el momento de la explosión en un baile en su honor celebrado por las autoridades españolas. Al día siguiente los periódicos pertenecientes a William Randolph Hearst publicaron el siguiente titular: «El barco de guerra Maine partido por la mitad por un artefacto infernal secreto del enemigo». Sin preocuparse por averiguar las verdaderas causas de la explosión -en la actualidad los historiadores siguen debatiendo entre estas dos posibilidades: o bien un accidente o una voladura provocada por el propio gobierno norteamericano para iniciar la guerra con España, en cualquier caso que fuera obra del gobierno español está prácticamente descartado- la prensa norteamericana, con Hearst a la cabeza, junto con el gobierno de USA, comenzaron una campaña sin cuartel contra España con el fin de provocar la guerra. Con la Guerra de Cuba se certificó el ocaso de España como potencia mundial al tiempo que EEUU inaguraba el suyo. El caso del Maine es el ejemplo paradigmático de cómo surgen y por qué las fake news o noticias falsas. Tradicionalmente las noticias falsas, rumores o bulos, están vinculadas al poder y al conflicto político. Ejemplos más contemporáneos de fake news vinculadas con el poder y amparadas por la prensa afín los encontramos en el caso de las armas de destrucción masiva en Irak que se utilizaron como excusa para la Segunda Guerra del Golfo, o las alimentadas por el gobierno de Burundi que dieron paso a la guerra civil. En España las conocemos de primera mano sobre todo gracias a la gestión del gobierno de Aznar del atentado del 11 M. Desde instancias oficiales se creó un relato alternativo sobre la autoría del atentado con la aquiescencia de una parte de la prensa, que durante una década siguieron insistiendo en las tesis del gobierno popular, con el único objetivo de no perder unas elecciones. La gestión del 11 M, pero sobre todo la puesta en marcha de la maquinaria de propaganda y fake news del gobierno de Aznar, provocaron uno de los mayores climas de malestar y polarización social en la historia reciente del país, coincidiendo además con la movilización masiva de la sociedad contra la participación de España en la Segunda Guerra del Golfo, y que se saldó con el asesinato de Ángel Berrueta por un policía nacional fuera de servicio y la derrota del PP en las elecciones del 14 de marzo.

Bandera estadounidense frente a un mural de Trump

No son extrañas por tanto las vinculaciones entre los gobiernos, la prensa afín y las fake news. Por otro lado la elaboración y distribución de noticias falsas y bulos forma parte de la maquinaria bélica, se usan no solo como justificación del conflicto y método para levantar la moral de las tropas y de la población civil, sino también como arma psicológica contra el enemigo.

Las fake news, así mismo, son indispensables en las operaciones encubiertas para derrocar gobiernos, se distribuyen en la prensa internacional para justificar la intervención y se usan dentro del país que se prentende intervenir para poder controlar a una parte de la población. Se podría decir que la elaboración y distribución de fake news es una parte esencial de organizaciones como la CIA, el Mossad o el CNI.

Sin embargo lo que resulta especialmente novedoso, y por tanto interesante, del fenómeno actual sobre las fake news que tanto parecen preocupar a nuestros gobernantes, desde Trump a Macron pasando por Cospedal, es que por primera vez su elaboración, fuente y distribución desborda los cauces de los gobiernos y de la prensa tradicional.

La pelea por el mando a distancia

Vivimos tiempos convulsos y de cambio en el equilibrio de poderes. El estallido de la burbuja especulativa, lo que se ha venido a llamar crisis, y la implantación de las políticas de austeridad, especialmente en Europa, han servido para sostener a la oligarquía y liquidar el Estado de Bienestar pero el precio político a pagar ha sido muy elevado. Europa ha pasado a ser un peón prácticamente irrelevante en el terreno de la política internacional, incluso Alemania, la gran impulsora y defensora del austericidio y, en un principio, la principal beneficiada de estas políticas, se encuentra ahora mismo al borde del abismo con una Angela Merkel en hora bajas tras un resultado electoral muy por debajo de lo esperado, obligada a repetir una Gran Coalición con la socialdemocracia alemana -que está por ver si las bases del SPD la refrendan- tras una dura negociación y muchas concesiones. Si todo esto no fueran suficientes problemas, la extrema derecha alemana ya es la tercera fuerza política del país, una circunstancia que ya es habitual en toda Europa, con la excepción de España, donde el votante de extrema derecha aún encuentra nicho electoral en el PP y Ciudadanos. La extrema derecha no solo aumenta su intención de voto en Europa, en algunos países ya está gobernando: Polonia, Hungría y Austria, y la lista seguirá creciendo, me temo. Pero no solo Europa acusa la pérdida de influencia y peso político, EEUU también ve amenazada su posición de líder mundial. La sociedad norteamericana se encuentra en la actualidad muy polarizada y con amplias capas de su sociedad muy empobrecidas, dependientes de un modelo económico agotado, espoleadas por la extrema derecha y el supremacismo blanco que han encontrado en la figura del presidente Trump y en el miedo a la pérdida de los pocos privilegios que les quedan, la tabla de salvación a la que agarrarse. Pero es una tabla muy endeble que solo ralentizará un hundimiento que es inevitable. Por otro lado, Rusia y China se alzan como las nuevas potencias en puja por el liderazgo mundial.

De ahí que no sea extraño que todas las miradas apunten a la trama rusa en la elección de Trump. Sin llegar a ser su intervención tan decisiva como algunos medios y los demócratas desearían creer ‑la derrota de Clinton se debe a sus debilidades como candidata y a su ceguera ante las demandas de la clase obrera estadounidense‑ sí es cierto que Rusia intervino en la campaña electoral apostando claramente por Trump y que parte de sus asesores se reunieron de manera secreta con diplomáticos rusos. En qué acabará la investigación y cómo afectará a la presidencia de Trump está aún por ver pero lo que está claro es que la influencia y el miedo a la intervención de Rusia en los acontecimientos políticos que nos rodean no solo es real sino que empieza a ser una paranoia que se alimenta desde Europa. El ejemplo en casa lo tenemos con el procés y el intento de vincular a Rusia con él por parte del Gobierno y la prensa nacional. Los hackers rusos son el nuevo "demonio rojo", sin embargo el equilibrio de poderes en el siglo XXI parece inclinarse más del lado del antiguo Telón de Acero que de EEUU y Europa. En esta lucha por el liderazgo mundial no debe extrañarnos que Rusia utilice las mismas herramientas para ganar influencia en otros países que las utilizadas por el bloque de occidental tradicionalmente y donde las fake news tienen un papel importante que jugar. Aunque es totalmente comprensible que en USA se sientan amenazados al descubrir que ellos también pueden ser objeto de injerencia por parte de otras potencias extranjeras. El problema central no reside tanto en quién ostenta o puede ostentar el liderazgo mundial, el problema es que los candidatos a sustituir a EEUU en el podium de naciones no responden precisamente a parámetros democráticos aceptables. Si Estados Unidos siendo una democracia no se caracteriza precisamente por respetar los Derechos Humanos y el estado de derecho en los países en los que intervine de forma más o menos activa, el panorama futuro resulta desolador.

La extrema derecha takes it all

Sin negar la importancia y la gravedad que tiene el que Rusia interfiera en los acontecimientos mundiales, que lo haga no es nada extraordinario desde un punto de vista histórico y dentro de la lógica política. Sí que resulta novedoso, en cambio, que por primera vez la ciudadanía sea capaz de elaborar fake news al margen del poder gubernamental y de la prensa, lo que significa que también es capaz de buscar información al margen de los cauces tradicionales. El acceso a las redes sociales y a las plataformas digitales permite que cualquier ciudadano con una agenda política clara utilice las redes sociales para expandir su mensaje y utilizar los métodos de agitación y propaganda que hasta hace bien poco estaban reservados al poder y a los partidos políticos tradicionales. Esto no quiere decir que nunca surgieran rumores o fake news desde abajo y que rápidamente se extendieran entre la población. Este tipo de rumores o fake news son conocidas como leyendas urbanas, tienen un origen popular, van transmitiéndose de boca a oreja y adaptándose a los tiempos y a los distintos países. Las leyendas urbanas más coloristas y repetidas de mi adolescencia fueron la de niña, su perrro, un bote de mermelada y Ricky Martin y la supuesta muerte del actor que encarnaba a Steve Urkell. Estas leyendas urbanas sin embargo están más cercanas a la tradición oral del cuento popular que a las fake news, principalmente porque no se elaboran con fines políticos, sino de entretenimiento.

A pesar del ruido y la sobrecarga informativa, nunca la población ha tenido tantas oportunidades de expresarse y dar a conocer sus mensajes políticos, siempre y cuando tenga libre acceso a internet, de ahí el especial interés de los gobiernos o bien por limitar el acceso a internet o bien por limitar la libertad de expresión a través de las redes sociales. Podemos decir que a pesar de todos sus fallos las redes sociales son un mecanismo democrático o al menos de difusión de la libertad de pensamiento. Las movilizaciones tras el atentado del 11M para exigir al gobierno de Aznar que informara a la ciudadanía sobre los verdaderos autores del atentado se gestaron precisamente gracias a mensajes de SMS, el famoso "Pásalo". El éxito del 15 M no se puede explicar al margen de las redes sociales, especialmente Twitter, ni olvidar que el 15 M se gestó como protesta hacia la Ley Sinde, el primer intento de un gobierno español de frenar la libertad en internet con la excusa de la defensa de los derechos de autor.

No es extraño entonces que los partidos políticos se vuelquen con las redes sociales, especialmente significativo es el intento de Podemos de crear toda una comunidad virtual de seguidores a través de Twitter. Al principio resultó ser un experimento satisfactorio pero los constantes bandazos ideológicos de Pablo Iglesias, la inacción del grupo parlamentario y la continua repetición de eslóganes electorales vaciados de contenido político en redes ha acabado demostrando que es un modelo agotado. Tal parece que la izquierda tradicional se muestra incapaz de dominar el lenguaje y el mundo virtual. Sin embargo ahí donde los partidos de izquierda tradicional no han sabido (o querido) explorar todas las posibilidades del espacio virtual, no solo para hacer activismo, sino como un lugar de encuentro, intercambio de ideas y comunidad, sí que han encontrado su sitio tanto el feminismo como el movimiento LGBTI, así como los movimientos contra el racismo y la xenofobia. Si bien es cierto que el grado de violencia verbal y amenazas a las que se tienen que enfrentar les activistes en redes es abrumador, la labor que se realiza es muy enriquecedora, no solo para el movimiento, sino para toda la sociedad, tal y como se demostró con las plataformas antidesahucios que tan bien supieron usar las redes sociales para movilizar, concienciar y parar desalojos.

No obstante es complicado rivalizar con el poder de la extrema derecha que campa a sus anchas en redes sociales. No solo porque han logrado crear un internet alternativo muy activo con plataformas, webs y espacios de noticias desde los que generan su discurso de odio hacia la diversidad y que son la fuente de la mayoría de las fake news que inundan el espacio virtual, sino porque son capaces de replicar las tácticas del activismo de izquierda coordinándose para iniciar campañas contra lo que llaman “la dictadura de lo políticamente correcto”. La falta de escrúpulos de estos grupos, mucho más conscientes que la izquierda de que estamos situados en el conflicto, en una guerra cultural que están venciendo, les convierten en enemigos poderosos porque replicar sus formas de comportamiento desvirtúa el activismo de izquierdas. Y vencen porque no solo son capaces de generar continuamente contenido en redes a través de memes y fake news, sino porque parte de los internautas les siguen el juego compartiendo y dando credibilidad acrítica a esta producción ante la mirada inane de una parte de la izquierda. Bajo la ridícula excusa de la “dictadura de lo políticamente correcto” son muchos los que dan pábulo a los bulos que extienden en su guerra continúa contra las feministas, les activistes LGBTI, la diversidad cultural o contra todos aquellos que defiendan postulados políticos alternativos (como en el caso del independentismo catalán o la defensa del plurilingüismo). Las discrepancias políticas son presentadas por la extrema derecha no como algo natural y saludable en una sociedad democrática sino que se señalan como apologías de la violencia terrorista o, en un giro absurdo y cínico, como imposiciones intolerables y antidemocráticas. Surgen en redes y se hacen virales voceros que apelan al sentido común atacando a los que buscan defender y ampliar los derechos para todos y todas. Estos guardianes de las esencias siempre acaban haciendo suyos los postulados más rancios, lloriqueando en redes denunciando los linchamientos que sufren mientras se ponen de lado de los privilegiados y los matones.

Un ejemplo de estas campañas coordinadas de la extrema derecha lo encontramos ante el estreno de la película Black Panther. Hace unos días se hicieron virales un conjunto de tuits con falsas denuncias de palizas a personas blancas por pandillas de jóvenes afroamericanos a la salida de la película, los tuits eran una burda mentira, con imágenes extraídas de Google Images, sin embargo durante unas horas fueron faveados y retuiteados.

Estos ciberactivistas de extrema derecha ya han demostrado su potencia como generadores de discurso y han dado cobertura ideológica y electoral a la candidatura de Trump en Estados Unidos. El canal de noticias Breitbart, con Steve Bannon a la cabeza jugó un papel importantísimo en la campaña electoral, alimentando los miedos y las paranoias de los votantes más extremistas en un juego de memes y fake news que se enlazaban y coordinaban con las promesas electorales de Trump. El propio Bannon, antes de ser expulsado del canal, reconoció que no tenían ningún problema en generar fake news si eso le beneficiaba políticamente. En Francia, por su parte, el neofascismo ha alimentado y abonando el terreno para Marie Le Pen en el espacio virtual con una estrategia silimar a la usada con Trump.Trágicamente esta agit prop no sería tan eficiente sin la complicidad de la prensa tradicional que al dar pábulo a muchas fake news acaban dando carta de naturaleza a los bulos y las infamias y revistiéndolos de credibilidad .

El declive de la prensa y la dictadura del Clickbait

Que la prensa miente no es un secreto. Por supuesto que no toda la prensa ni todos los periódicos pero la prensa y el periodismo no se ven libres de las presiones del poder político y económico. También es cierto que dentro del propio mundo de la prensa podemos encontrar la primera línea de defensa contra la manipulación y las mentiras. Por cada Inda o Maruhenda nos encontramos un Xavier Vinader o una Amanda Andrades. El problema con la prensa en la era de las redes sociales, sin embargo, no es una cuestión (no sólo) de integridad y vocación, la llegada de internet supuso un cambio muy brusco en el modelo económico de los periódicos en papel. Las ventas en papel se han desplomado y la mayoría de los lectores recurren a la versión en digital de los diarios. El intento de la prensa por cobrar el acceso a sus ediciones digitales los llamados kioscos digitales, resultó en todo un fracaso: esto ha obligado a los medios a recurrir la publicidad y a depender de los bancos, lo que los coloca en una situación de gran vulnerabilidad y cuestiona su credibilidad, tal y como se afirma es este informe de la Universidad de Oxford y publicado por el ‘Instituto Reuters para el estudio del periodismo en donde los medios españoles sacan un rotundo y contundente suspenso. Una de las estrategias de la prensa, no solo en España, ha sido la de intentar solucionar sus problemas de modelo económico con una política de fusiones, pero esta estrategia la ha colocado aún en un terreno de mayor vulnerabilidad, ha debilitado la imparcialidad y ha resultado en un monopolio en el que unos pocos grupos editoriales controlan una gran cantidad de medios. En España además a la crisis económica, al monopolio y a la dependencia de los bancos se suma la Ley Mordaza. El panorama es, por tanto, desolador y mucho más si prestamos atención a los datos laborales. Con la llegada de la crisis y bajo el paraguas de la Reforma Laboral de Rajoy, la mayoría de los diarios desmantelaron gran parte de sus redacciones y las sustituyeron por becarios y periodistas precarios. A peores condiciones laborales, peor calidad periodística.

La dependencia en la publicidad, el trabajo precarizado, la necesidad de posicionarse en redes, la deuda con los bancos que se han convertido en accionistas de los medios, la rivalidad con plataformas como Twitter o Facebook y la inmediatez que exige el lector, todo esto ha provocado una tormenta perfecta que se puede resumir en la dictadura del clickbait. Esa búsqueda de clicks que se puedan canjear por anuncios impide que muchas veces las informaciones se contrasten o que simplemente se comparta una noticia sin ni siquiera revisar las fuentes. No es extraño entonces que muchas veces la prensa de pábulo a fake news y sea cómplice de su expansión. La mayoría de los lectores e internautas seguimos confiando en la prensa como un medio veraz donde informarnos, cuando el medio de comunicación falla sistemáticamente en salvaguardar esa veracidad está socavando el derecho fundamental de todo ciudadano a la información. El derecho a la información no solo forma parte de la libertad de expresión, si no se garantiza la ciudadanía no puede acceder a una información veraz y por tanto su capacidad para tomar decisiones libre y conscientemente se ve limitada.

Aun así hay razones para la esperanza, existen medios libres que sobreviven gracias a las suscripciones de los lectores - Diario o Contexto- que logran hacer su trabajo sin las presiones de los poderes políticos y encaran la información con un sesgo social y que además están haciendo una labor importante a la hora de denunciar los miles de casos de corrupción del Partido Popular que en medios tradicionales apenas ocupan espacio. Fue además una investigación periodística al viejo estilo la que destapó la trama de abusos sexuales y de poder que rodeaban a Harvey Wenstein y que cristalizó en el movimiento mundial contra los abusos sexuales #MeToo.

Desde la prensa y también desde las redes es posible dar la batalla contra las fake news, mediante el activismo en las propias redes y sobre todo fomentando una mirada crítica ante los contenidos virtuales. El discurso de la extrema derecha hace que se presenten como víctimas de las feministas, los activistas de la diversidad, etc., este discurso victimista y mentiroso se va filtrando poco a poco y dejando su ponzoña en nosotros. Saber identificarlos es primordial para no dejarse arrastrar por esta narrativa espúrea porque si algo pone en jaque nuestra libertad son ellos.

Es en principo complicado enfrentarse a las fake news y a los ataques coordinados de la extrema derecha pero no es imposible, los jóvenes supervivientes del tiroteo de Parkland, Florida lo están demostrando. Estos adolescentes en menos de una semana han conseguido organizar un movimiento a favor del control de armas y están siendo acosados y son objeto de calumnias por parte de medios de comunicación y tuiteros de extrema derecha, sin embargo estos mismos jóvenes están demostrando un dominio total del funcionamiento en redes y acorralando a los medios extremistas y confrontándoles con sus mentiras al tiempo que usan Twitter como un espacio de activismo. Confrontan con humor las teorías conspirativas que los acusan de actuar a las órdenes del FBI dejando en evidencia a periodistas y a tuiteros con desparpajo y eficiencia. Han conseguido desactivar el mecanismo de la derecha sin caer en sus mismas tácticas y están consiguiendo la atención de la sociedad y de la clase política. Este es un ejemplo esperanzador que demuestra que la izquierda puede recuperar las redes y cómo debe hacerlo, también es un recordatorio de que los llantos de algunos columnistas sobre lo chungas e ignorantes que son las generaciones más jóvenes no son nada más que lamentos de alguien que no entiende, ni quiere entender, el mundo que le rodea. Otra fake news más.

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Autor

Silvia Cosio

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