El jefe infiltrado - El SOMA

El jefe infiltrado

Soy muy fan del programa de 'El jefe infiltrado' porque me parece una representación muy fina del empresariado español.

El programa empieza con la presentación de una negocio de éxito, de esos que pasan a petarlo a entrar en EREs y viceversa. Un jefe está dispuesto a remover los cimientos de la empresa y todos nosotros vamos a ser testigos de ello.

Comienza la presentación del jefe, uno de los puntos fuertes del programa. La cosa se complica porque hay varios perfiles bien definidos y reconocibles:

'El familiar'. El nombre de la empresa coincide con alguno de sus apellidos. Tiene 30 y tantos, algún título en universidad privada y su mayor objetivo es modernizar la empresa que fundó su abuelo.

Existe la variante de 'el familiar político': En un braguetazo de manual, pasó de trabajar como auxiliar administrativo a ser 'project manager & talent gromenagüer' en el negocio de su churri. Se siente en la obligación de negar lo evidente, que está ahí por mantener relaciones sexuales (lo que se conoce como 'teto skills' en los círculos empresariales) con el patrón, así que se dedica a tocarle la genitalia a los que trabajan allí para tapar la inseguridad que le genera saber que no pinta nada.

'El entrepeneur'. Joven, dinámico, preparado para un mundo cambiante. Amante del coaching motivacional, el bronceado de lámpara, Josef Ajram, las puestas de sol en Ibiza y la cocaína; gestiona su propia franquicia de accesorios de móvil con un nombre mal puesto en inglés. Es la presa preferida de 'el familiar político'.

Generalmente, 'el entrepeneur' es una evolución de 'el familiar' que vio una charla de TEDx y de dio cuenta de que se estaba estancado. En realidad, después del segundo ERE tuvieron que apartarlo de la gestión de la empresa que fundó su abuelo.

'El cojonazos'. El Camacho del emprendimiento. Montó una empresa en los 70 ECHÁNDOLE UN PAR DE HUEVOS, HOSTIA (así, en mayúsculas). Sus negocios está en "polígamos" y sigue colgando calendarios en la pared del despacho, pero ya no puede poner el de una "jamona en tetas" porque vivimos en una dictadura de lo políticamente correcto. El nombre de su empresa suele estar compuesto por la contracción de su propio nombre o el de la actividad del negocio, acabado en S.A. Algo rollo ANMARSA, AVANSA, GLUCOSA, etc.

Vive en una perenne mala hostia porque su mujer, esa SEÑORA COMO DIOS MANDA que ha sabido sufrir y aguantar a su lado, le dice que por qué no le cede el testigo a su hijo, ese que está apurando su quinto máster en la Universidad Católica de Aravaca y ya pide paso en la empresa con sus novedosas ideas. Se cierra el círculo vital del empresario en España.

Gente disfrazada

Con nuestro protagonista presentado, ahora toca caracterizarle para que nadie sepa quién es. Le tiñen el pelo, le ponen brackets, rastas y cualquier tipo de mierda que se le ocurra a la productora con el objetivo de reírse de él y hacerle parecer un mamarracho.

La madre de 'el familiar' se agarra nerviosamente al collar de perlas y rompe a llorar cuando ve a su hija en chándal. La novia y los tres niños (todos vestidos iguales) de 'el entrepeneur' se ríen de su aspecto porque parece pobre. La mujer de 'el cojonazos' le da esos besos ruidosos de abuela en la mejilla mientras le dice lo joven y lo guapo que está.

Llegados a este punto, toca juntarse con la purria. Durante cuatro días, cuatro trabajadores le enseñan sus quehaceres en la empresa y le cuentan sus penas más profundas. También hay tipos de currito:

'El vieja escuela'. Si es español, lleva en la empresa desde que la fundó el abuelo del jefe infiltrado, y si no lo es, entonces desde que llegó al país. Transmite buen rollo porque le gusta su trabajo pero quiere jubilarse para viajar con su mujer, de la cual sigue enamoradísimo, aunque lo pasó muy mal cuando en el año 1997 la atropelló un trolebús dejándola coja.

'El bicho malo'. Un veneno. La prueba viviente de lo malas que son las mujeres las unas con las otras. Critica constantemente a sus compañeras y a la empresa. Luego sabremos que lo hace porque sufrió un trauma cuando, montada en un trolebús en 1997, éste atropelló a una mujer que por allí pasaba.

'El quemado'. Lleva años en la empresa y te recibe justo después de que un 'familiar político' le matizase alguna gilipollez y no tiene el cuerpo para tonterías. Si pasase menos tiempo protestando y más trabajando, no tendría tanto de lo que quejarse. No hay día que no se levante echando en falta su antiguo trabajo como conductor de trolebús.

'El millennial'. Tiene el trabajo y la responsabilidad de cuatro personas pero con un contrato en prácticas. También conocido como profesional 'junior'. Nadie le ha explicado nada y durante los primeros días parece el GIF de John Travolta en Pulp Fiction. Cada vez que sale uno en el programa, o le pegaban en el colegio o le mordió un perro. No sabe lo que es un trolebús.

Comienza la jornada. Encima de pasar el mal trago de oír los lloros y peroratas del populacho, el jefe también se ve obligado a completar sus tareas. Como el tema de la caracterización, hacerle trabajar está pensando para reírse de él porque, como no hay congresos de manejo de carretilla o limpieza de pescado, se apaña malamente.

'El cojonazos' discute con 'el millennial' porque las cosas ya no se hacen igual que en los años 70. 'El familiar' sufre un corte porque agarró un cuchillo por el filo. 'El entrepeneur' alucina cuando el currito no es lo suficientemente pro-activo ni aprovecha las sinergias generadas.

Tras los cuatro días, la realidad hace que el jefe infiltrado viva un baño de humildad. Uno de esos que se te quitan cuando vuelves al casoplón con piscina.

Los curritos van a la central de la empresa como el animal que va al matadero, prueba del buen ambiente laboral que existe en este país. Allí les recibe un jefe infiltrado ya sin rastas y brackets: "¿Sabes quién soy?". "Sí, Jacinto" van respondiendo nerviosos. El protagonista se inclina hacia adelante, junta sus manos y espeta un "en realidad me llamo Cayetano y soy tu jefe". Ahí es cuando te vuelves a percatar que los brackets y las rastas no eran lo que le hacía parecer un mamarracho.

La tensión con cada empleado dura lo que tarda en decirle al currito que, aunque no tenga un martillo, hay que buscar soluciones para poner los clavos, lo importante que es llevar una chapita con el nombre para el correcto funcionamiento de la empresa y demás detalles de vital importancia. A partir de ahí, hace presencia la magnificencia del jefe porque hay que recordar que, además de por el espectáculo, el programa se crea para blanquear la imagen del empresario.

Comienzan las frases ambiguas como "Ambrosio, después de pasar un día trabajando contigo me he dado cuenta de que esto no puede seguir así", que dan paso a una leve pausa dramática con música tensa incluida que acaba con el jefe dándole un sobre al trabajador. "Por favor, léelo en voz alta, Ambrosio".

Ambrosio, lloroso, lee: "En GLUCOSA somos conscientes de tu importancia en la empresa, por lo que hemos decido pagarte el viaje a ti y a tu mujer para ver a los hijos que tienes en tu país pero a los que nunca puedes ver porque el sueldo que te pagamos no te permite ahorrar ni para un viaje.". Una tonada sentimental acompaña al momento en el que Ambrosio, ya totalmente roto, llora a chorros y se abraza a ESE HÉROE. Patrón, quédese con mi plusvalía y con mi primogénito.

La de Ambrosio es sólo una de las posibilidades. Habría otras como "En Movile Carcasing estamos comprometidos con el grijanding y el condemoring por lo que recibirás una formación específica de dos días para poder desarrollar de forma más productiva tu trabajo como expert carcasing vendor junior" o "Aquí (dice 'aquí porque no recuerda el nombre de la empresa de su churri) queremos premiar tu esfuerzo con un cheque de 1.000 euros, porque nos sale mucho más a cuenta que subirte el sueldo y pagarte una cantidad digna".

Y así, entre lloros y agradecimiento, termina otro programa donde otro cercano, comprensible y amable jefe hace la vista gorda con los fallos de sus humildes empleados para seguir siendo el motor económico de este país.

¡MUCHAS GRACIAS, EMPRESAURIO!

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Autor

Edu Martínez Cristóbal

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