Zanahorias - El SOMA

Zanahorias

Personalmente, Bimba Bosé siempre me ha dado bastante igual. No por nada especial, es que no tengo referencias en las que basarme. No conozco su vida, ni su obra, ni siquiera sé exactamente a qué se dedicaba; solo que era pariente de Miguel Bosé, el de Don Diablo se ha escapado, del que tampoco tengo, como se puede deducir, información demasiado actualizada. Su muerte me afecta esencialmente en la medida en que siempre siento un escalofrío especial cuando me entero que alguien ha muerto joven y de cáncer, pero no de la misma manera que a quienes están más al tanto que yo de su vida y sienten su figura más cercana.

He visto que también hay un grupo de gente que, por algún motivo, no solo se alegra de su muerte, sino que ve en ella una oportunidad para cebarse de forma sórdida y cruel (en la imagen observamos la respuesta emitida por un homínido de esta especie). Y parece ser que no son cuatro, que hay una línea que comunica lugares dentro de un espectro amplio que lo mismo entran en combate haciendo apología de un Cremades, porque encuentran la coartada perfecta para dar cobertura a su misoginia, que te retuercen las noticias para difundir que Zapatero era ETA, como si no hubiese motivos para enmendarle la plana a ZP sin necesidad de recurrir a la ciencia ficción. Como su bilis no se judicializa ni forma parte de las preocupaciones del debate político y mediático institucional, no conocemos muy bien su alcance.

Quienes nos relacionamos, o eso creemos, con gente que tiene asumida la defensa de los Derechos Humanos, el desprecio sin rémoras al franquismo o la diferencia entre lo que es responsabilidad social de las figuras que nos representan y lo que no lo es, actuamos muchas veces como si los conflictos y disensiones que se producen en nuestro espacio social fuesen los que dibujan el techo de la conflictividad y los contornos de lo que debe ser discutido. Y no. Un día te levantas y empiezas a escuchar a alguien cercano que los refugiados son la puerta de entrada del terrorismo, que los asuntos domésticos son privados en cualquier caso, que en el colegio están repartiendo panfletos homófobos, que poner francotiradores apostados en la frontera (sur) figura como una posibilidad o que hay que privatizar la Sanidad porque con mis impuestos no. Y que la libertad también es esto. En EEUU, pero también en Francia, en Alemania, en Hungría, Austria, Polonia o Suiza, la extrema derecha ha conjugado estas pulsiones que se han extendido como una mancha grasienta, con la crisis económica en grados diferentes y con el apoyo de público variado. Es un discurso que, a día de hoy, cotiza al alza.

La cosa es cuánta gente está incubando esta basura por aquí aunque no lo exprese en público, en las redes sociales o en los marcos de discusión civilizada que a veces se quieren confundir con un exceso de corrección política para amparar el encaje de discursos clasistas, machistas, racistas y homófobos. De extrema derecha, vaya, por aprovechar para ser original ahora que ya no están de moda ni las etiquetas ni el hábito de poner los precios de los productos. A ver si le damos una vuelta a cómo combatir esta mierda, porque lo mismo un día nos encontramos rodeados y con la zanahoria trumpiana en nuestros benditos esófagos socialdemócratas de clase media. Y en los de nuestras familias, también.

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Autor

Rafa Posada

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