Se visten como putas - El SOMA

Se visten como putas

Ha sido el más reciente en decirlo pero no será el último. El hecho de que Emilio Calatayud sea un juez en ejercicio hace que sus palabras tengan una connotacion aún más siniestra. Aunque no debería extrañarnos tampoco tanto, la sentencia de la minifalda puede parecernos alejada en el tiempo pero sigue presente en la mentalidad de algunes magistrades.
Dice el juez de menores que el acoso y el abuso sexual al que muchas mujeres jóvenes y niñas son sometidas en redes se debe a que "se visten como putas". Pone así el foco en las víctimas, responsabilizándolas de los hechos y saca del discurso -y por tanto invisibiliza y libra de toda responsabilidad- al agresor.

Este discurso no es solo una aproximación machista a las agresiones sexuales, es también inútil para destivarlas y combatirlas, dejando así a las víctimas desprotegidas al hacerlas directamente responsables de la violencia infringida contra ellas. Este es además un discurso hermano del utilizado tradicionalmente a la hora de enfrentarse socialmente a la violencia de género. Al hacer uso de este discurso se demuestra una falta de empatía hacia las víctimas y un desconocimiento total de las formas de relación social de las generaciones más jóvenes.

Todo discurso que pretenda afrontar la violencia sexual contra las mujeres poniendo el foco en las víctimas, en su comportamiento y hábitos, es un discurso abocado al fracaso. Enfrentarse al problema desde esta prespectiva es inútil para combatirlo y convierte a las víctimas en responsables de lo sucedido.

Hay que desterrar para siempre el concepto de conductas de riesgo. No existen tales conductas de riesgo. Nada de lo que haga, vista o diga una mujer va justificar el abuso sexual. Nada de lo que haga, vista o diga una mujer es la causa directa de que se la abuse o se la violente. El único responsable de la violencia sexual es el agresor. Y las campañas han de centrarse en poner el foco en los violadores. Hay que introducirlo en el discurso, colocar sobre él el reproche social y responsabilizarlo, no solo penalmente, de sus actos. Tiene que sentir el reproche social y para ello hay que nombrarlo. Como sociedad tenemos la obligación de que sean los agresores los que sientan vergüenza por sus actos, no las víctimas.

Dionysos


Cuando las instituciones y la sociedad elaboran unas normas y consejos sobre qué hábitos tenemos de adoptar para estar seguras: caminar acompañadas de noche, no subir a un ascensor con un desconocido, ir por lugares iluminados, cerciorarse de que no hay nadie en el portal de tu casa cuando entras sola... lo que realmente se nos está diciendo es que si al final nos agreden es que algo hemos hecho mal, que nos hemos salido de la pauta establecida. Con esta actitud corremos el riesgo de presentar la violación como un correctivo. Es bastante habitual que a las mujeres violadas se les pregunte qué llevaban puesto en el momento de la agresión o se les pidan pruebas de resistencia física ante la violación. En el fondo socialmente seguimos afrontando la violación como una afrenta a la moralidad y no como un delito contra las mujeres y la libertad sexual.
Solo cambiando este enfoque podemos enfrentar y combatir la violencia sexual.

Cualquiera que se de un paseo por redes sociales, especialmente en Instagram, Musical.ly o Snapchat puede comprobar que muches de sus usuaries son chicos y chicas muy jóvenes. Y sí, se exhiben en ellas, con mayor o peor gracia y acierto. Ponen morritos, ejecutan coreografías y llevan crop tops y shorts. Lo que el señor Calatayud llama "vestirse como putas". Nada que las chicas de mi generación no hiciéramos en las discotecas, las de la generación de mi madre, con sus minifaldas , en los guateques, la de mi abuela atreviéndose a llevar pantalones o saliendo de casa sin sombrero durante la postguerra, la de mi bisabuela cortándose la melena o prescindiendo del corsé en los años veinte... estoy segura de que si nos pudiéramos dar un paseo por la Tebas del siglo XIII A.C podríamos escuchar a Sennefer el escriba quejándose de que las jovencitas de ahora se visten como prostitutas babilónicas. Parte del hecho natural de la adolescencia consiste en exhibirse y enfrentarse a la convención social. No lo llamamos edad del pavo por nada. Muchos adolescentes varones también se exhiben con el mismo desparpajo que ellas y con la misma -aparente- escasez de tela y sin embargo el riesgo que tienen de sufrir violencia sexual, acoso o cualquier tipo de chantaje es mucho menor que el de las chicas y siempre a manos de otros varones. Esto debería hacernos concluir que la violencia sexual nada tiene que ver con la ropa, los hábitos o el comportamiento de las víctimas que la sufren. Y si esto es así como sociedad tenemos la obligación de quitar el foco sobre las víctimas y ponernos a reflexionar sobre las causas reales de la violencia sexual y combatirla. Y la prioridad es colocar el foco en los agresores y poner toda la responsabilidad de sus actos sobre ellos. Y aceptar que, por desgracia, la única conducta de riesgo que existe sigue siendo ser mujer en un mundo que nos maltrata y desprecia.

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Autor

Silvia Cosio

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