Miedo y asco en Mareo - El SOMA

Miedo y asco en Mareo

El pasado 20 de mayo de 2017 el Sporting culminó otra pésima temporada con un nuevo descenso a Segunda División. El tercero en 24 años, los que lleva la familia Fernández al frente de la entidad, en la que sin lugar a dudas es la época más negra en la centenaria historia del equipo de fútbol gijonés.

En todo este tiempo, el Sporting ha pasado de ser un equipo asentado en Primera División, solvente económicamente y con un proyecto deportivo a ser un equipo de Segunda División, enterrado en deudas y próximo a la desaparición. La explicación no es sencilla teniendo en cuenta la cantidad de actores principales y secundarios que han participado en esta mala película de terror. Empecemos por los Fernández: José (padre) y Javier (hijo).

De José Fernández sabemos que como otros muchos constructores pertenecientes a Asociación de Promotores y Constructores de Edificios Urbanos (ASPROCON) entró al accionariado del equipo con la conversión del club en S.A.D. allá por 1992. Desde entonces y tras conseguir una mayoría accionarial en 1994, el Sporting vive en una pesadilla deportiva e institucional.

De Javier Fernández sabemos poco más que eso, que es el hijo del dueño de la mayoría accionarial del Sporting. Llegó al club de puntillas como consejero a finales de 2012 para dar el salto a la presidencia en 2016. Tanto él como los medios trataron de vender unos aires reformistas que poco tendrían que ver con la realidad que nos encontraríamos durante todo este lustro con él dentro de la entidad. Hace menos de un año reconoció que, de no haber ascendido en 2015, el equipo hubiese estado en serio riesgo de desaparición.

¿Pero cómo llega la familia Fernández ha controlar la entidad? Como ha explicado brillantemente el analista de inversiones Eduardo Cubiles en su cuenta de Twitter, la realidad es que José Fernández consiguió la mayoría accionarial con una inversión de algo menos de 312.000 euros. A partir de ahí, se convierte en acreedor del Sporting en base a hacer préstamos participativos a un alto interés para evitar responder con su propio patrimonio a las deudas que había generado en el Sporting. Con la entrada en un concurso de acreedores, cambió la deuda que el equipo adquirió con él por acciones. Desde entonces cuenta con más del 70% de la sociedad anónima deportiva. De locos.

Bufanda por la marcha de la familia Fernández

Pero como explicaba antes, todo este despropósito no podría haberse dado si, en mayor o menor medida, no hubiesen aparecido unos cuantos secundarios de lujo. Si bien es posible que el orden de culpabilidad no sea el exacto, al menos sí se le aproximará.

El Ayuntamiento de Gijón. Cuando en 1994 el consistorio, por aquel entonces en manos de Tini Areces, vendió a José Fernández casi 3500 de las acciones que tenía en el Sporting ayudó sensiblemente a decantar la pugna que el empresario gijonés mantenía con el conservero Manuel Calvo Pumpido tanto por la presidencia como por la mayoría accionarial del club.

A partir de ahí, y como ha ocurrido en otros muchos puntos de España, un ayuntamiento ha hecho de muleta de un pésimo gestor que se ha dedicado a dejar deudas multimillonarias con entes públicos como Hacienda o la Seguridad Social.

Desde hace décadas, el equipo rojiblanco luce la marca Gijón en la camiseta, un auténtico sinsentido teniendo en cuenta que el equipo está plenamente asociado a la ciudad por parte de todos los aficionados al fútbol.

En 2001 el Ayuntamiento de Paz Fernández Felgueroso pagaría unos 12 millones por la propiedad de la Escuela de Fútbol de Mareo y las marcas asociadas al Real Sporting de Gijón. Sí, José Fernández llegó a conseguir que ni el escudo perteneciera al equipo.

A finales del pasado año 2016, el Ayuntamiento, esta vez bajo la gestión de Carmen Moriyón, ampliaría la concesión de El Molinón por 30 años. ¿El motivo? Que la junta directiva del Sporting de Gijón maquillase las cuentas y neutralizase un patrimonio neto negativo.

Estos son sólo algunos ejemplos. ¿Cómo puede estar un ayuntamiento dispuesto a entregar millones a fondo perdido sin contraprestación alguna? ¿Por qué no se ha criticado nunca la gestión del club desde la alcaldía? ¿Por qué no se ha instado a los dirigentes a tomar medidas? ¿Es válido escudarse en que el Sporting sea uno de los símbolos de Gijón para mantener el negocio de una familia?

Otro de los grandes puntos ‘fuertes’ de los casi 24 años de los Fernández al frente de la nave ha sido su capacidad para rodearse de gente sin un mínimo de capacidades para dirigir una sociedad del calibre del Sporting. Es difícil encontrar perfiles más bajos y con menor talento que los que han poblado en los últimos años la ‘Casina de Cristal’ de Mareo: A Manuel Vega-Arango, Antonio Veiga o Alfredo García Amado se les podría dedicar un artículo a cada uno.

Para hacer mayor este despropósito, supongo que a fin de valorar el talento y el esfuerzo mostrado en estos años, en la última junta de accionistas se aprobó que por primera vez en la historia del club, la directiva percibiría un sueldo por su labor. Uno de los que cobrará será Fernando Losada, consejero y portavoz, que aseguraba a principios de año que “podemos cobrar como consejeros o como servicios de profesionales independientes”. Un apunte: desde 2013, el Sporting se gastó más de 4,5 millones de euros en pagar servicios de “profesionales independientes”.

¿Y cómo se consigue tanto despilfarro de dinero público y tanta inutilidad en la gestión durante tanto tiempo no reviente por ningún lado? Pues eso habría que preguntárselo a los medios de comunicación asturianos que poco o nada ha tratado de forma crítica la mala gestión del Sporting. Algunos, tienen demasiados intereses entorno al equipo como para poder realizar su trabajo de forma libre y objetiva.

Si alguien representa a la perfección esto es El Comercio. El decano de la prensa asturiana, que posiblemente es el medio más importante de la ciudad, se ha caracterizado siempre por mantenerse cerca de quien en ese momento sustente el poder y en materia deportiva no iba a ser menos. Manuel Rosety podría considerarse el portavoz oficioso del consejo: La beligerancia en sus crónicas arremetiendo contra técnicos (Ciriaco Cano, especialmente) o jugadores es proporcional a su paciencia con los dueños de las acciones.

Por suerte, este modelo servilista de los medios se está agotando. La prueba está en que, aunque los medios asturianos pactaron con el club no publicar el incidente entre el portero Cuéllar y Víctor Rivera (La Nueva España), éste acabó saliendo a la luz.

Existe una brecha generacional evidente entre quienes aún se informan a través de medios tradicionales, donde no se genera debate alguno en contra de la directiva, y quienes consumen medios de comunicación nacidos al calor de Internet donde se habla más abiertamente de la gestión del club.

Otro de los puntos a tener en cuenta es el posicionamiento de los ex-futbolistas. En otros equipos han sido parte fundamental en las protestas hacia sus directivas. En el caso de ex-sportinguistas, salvo casos muy contados como Hugo Pérez o Churruca que sí que han hecho algunas declaraciones en contra de la gestión, la gran mayoría guardan silencio a pesar de que es habitual encontrar opiniones suyas en prensa o radio sobre la actualidad del equipo.

A esta apatía se une la de la Federación de Peñas Sportinguistas y Ultra Boys. Tampoco es que nunca hayan sido especialmente críticos con la gestión de la familia Fernández y, francamente, más de un sportinguista no los echamos especialmente en falta. En su lugar, asociaciones y colectivos como Tu Fe Nunca Decaiga, La Norte 5 o Fernández Fuera van adquiriendo cada vez más presencia en los medios, en la calle y en El Molinón.

Con unos Fernández cada vez más solos y una presión social en aumento, va sonando con más fuerza una posible venta del Sporting a corto-medio plazo. Desde varios medios se baraja 2018, año en el que el máximo accionista dejará de tener responsabilidad patrimonial sobre las deudas, como el punto de inicio de posibles negociaciones.

Parece pues que el próximo gran debate dentro del sportinguismo será cómo y quién gestionará el club: ¿un nuevo inversor o atomizar el capital social para acercarlo más al pequeño accionista? Sin lugar a dudas y de cara al interés del aficionado, esta segunda opción parece la más razonable. Tu Fe Nunca Decaiga ya ha anunciado que, como ya hizo años atrás, presentará una propuesta a los Fernández para socializar el club próximamente.

El Sporting se merece algo mejor. Se merece unos gestores a la altura. Se merece que su afición sea quien tome las riendas de su equipo. Por un Sporting libre, Fernández vete ya.

Acerca de

Autor

Edu Martínez Cristóbal

Compartir