Metano - El SOMA

Metano

Desde fuera es fácil opinar. Pues no, es bastante difícil. Otra cosa es que opinemos igual, pero fácil no es. ¿Recomendable? Puede. A veces a los que están dentro les viene bien saber cómo ven las cosas los que están fuera. Aunque lo más habitual es que se mosqueen y se encastillen en su ensimismamiento. En Cataluña hay tantas sensibilidades que cabe presumir que a alguien le interese mirar fuera. Fuera de Cataluña hay tantas sensibilidades que cabría esperar que alguna hiciera un esfuerzo por mirar dentro. Me temo que lo normal en uno y otro caso es, más bien, el ruido. Los aplausos, los abucheos, los silbidos y los himnos. ¿O acaso no ha dicho el PP que en estos momentos de tribulación nos retiremos a nuestros aposentos a rezar, es decir, a poner muy alto el himno de España en busca de consuelo y calor de rebaño? Esto nos va a explotar en los morros de tanto calor de rebaño. Sería la primera secesión que se produce por acumulación de metano. O que no se produce por la misma razón.

Un balcón con una estelada sobre una churrería

Con la escenografía habitual, esto tendría que haber empezado con Mas en la cárcel. Y no estoy diciendo que crea que Mas tenga que estar en la cárcel, o al menos no por esto. Pero algo así habría debido pasar cuando el TC se cargó el Estatut aprobado en 2006 y recurrido por el Partido Popular porque era una “operación de liquidación de la nación española” (Rajoy, 2006). Dicho sea de paso, estarán contentos. Ahora aplaudirían aquella operación. Me refiero al PP. Nunca una operación de liquidación de una nación europea dejaba una nación tan poco liquidada. Y nunca un tribunal anuló tanto por anular tan poco. Porque el texto solo se cuestionaba por no sé qué movida del preámbulo que no tenía efectos prácticos pero que pertenecía al combo identidad + faramalla lingüística + hablemos como en el siglo XIX. En cualquier caso, había que montar el guirigay porque gobernaba Zapatero y contra Zapatero valía todo. Pues hala: ahora toca bailarlo. Y nos toca bailarlo a lo agarrao: al PP y a los demás. Pero Mas tenía que estar en la cárcel porque eso significaría que habría hecho lo que le correspondía hacer, responder a la chulería pepera con chulería convergente, poner su nación milenaria enfrente de la nación milenaria de Rajoy y devenir eso que nunca quiso ser: un héroe independentista. Habría desobedecido, le habrían mandado al trullo, habrían montado el pollo, habrían conseguido eco y apoyo internacional, y a lo mejor, de rebote, habrían seguido la ruta de la independencia porque la lógica de estos procesos es la que es y o coges esa ruta con toda su lógica, o improvisas. Hubo metano: a Mas se le descompuso el paquete intestinal y no se animó. Así que a improvisar.

Y pintan bastos para la improvisación, porque frente al Govern se sienta un nacionalismo español muy de improvisar, el mismo que mandó al TC el Estatut, pero con cara de Albiol, que es como si la Falange te hubiese entrado hasta la cocina, y una presunta izquierda que no sabe si es unionista, federalista, pro-referéndum pero anti-independencia, o simplemente nostálgica y, desde luego, muy de improvisar. Véase Iceta. Bailando. Al menos Iceta está a tono con los tiempos. Rufián es menos de bailar y la CUP, no digamos. Entre paréntesis: yo abdiqué del pensamiento crítico por culpa de la CUP, cuando aquel lío entre que Baños apoyaba o no apoyaba la investidura de Puigdemont. Tal vez eso explique mi suspicacia posterior ante cualquier cosa que venga de esa esquina del Parlament. Cierro paréntesis. Con la CUP haciendo algo que me pone muy nervioso cada vez que lo hace la izquierda porque me recuerda a aquel chiste sin gracia y mezcla de denuncia social y racismo atávico que decía: “Cuando un gitano come pescado, uno de los dos está malo”. Pues cuando un pijo como Puigdemont habla igual que Anna Gabriel, uno de los dos ha dejado de ser lo que era o está, simplemente, fingiendo. Y no creo que Anna Gabriel sea muy de fingir, al contrario, creo que la CUP pertenece a la Internacional Sincerista, lo que quiere decir que solo dicen algo cuando creen en ello y solo llegan a decir ciertas cosas cuando se han convencido a sí mismos de que creen en ello. De fingir, aquí, yo apostaría por Puigdemont. A quien por otra parte le pasa como a muchos convergentes estos días, que andan por ahí con esa cara de papás y mamás de mediana edad que por fin consiguen que les hablen los amigos de sus hijos y empiezan a comportarse con esa desinhibición del que cree estar viviendo una segunda juventud. Mal: eso dura mientras el cuerpo aguante, y los cuerpos sin entrenar aguantan poco. Puigdemont se va a despertar cualquier día con un dolor de cabeza muy intenso y muy de derechas y la misma cara de Kevin Spacey en American Beauty.

Se le pasará al ver que en la bancada de enfrente bailan Iceta y el almendrado de siglas que cobija a Coscubiela y a Fachín aunque no se pongan de acuerdo ni para ver a quién caen mal. En este punto la cosa se complica de mala manera, especialmente fuera de Cataluña, porque a las mesnadas de la nueva vieja izquierda todo esto les viene grande y una de dos, o se ponen épico-caribeños y niegan el problema como un simple epifenómeno / espejismo de no se sabe qué burguesía insolidaria mientras reivindican con lágrimas en los ojos el carácter integrador del cocido madrileño, o repiten como loros el fragmento más insostenible del discurso CUP que dice que la independencia de Cataluña será la puntilla del régimen y no sé qué más. Hay una tercera vía, claro, la de la España plurinacional, esa nación de naciones en multipropiedad que se inventó Peces-Barba y que empieza a sonar ya francamente desagradable. Sánchez las está contando, las naciones. Iglesias ya las contó y le sale una y es la de siempre.

Menos mal que Ada Colau. ¿Que Ada Colau qué? Pues ha sido anunciar que no cederá espacios para el 1-O y no han perdido un segundo en ninguna de las orillas de nuestro Ebro mental, ya han sacado la brea y las plumas que (¡sorpresa!) no han utilizado con nadie más, sí, así es, con nadie más: unos, que si es por ambición política y por desplazar a Iglesias; otros, que si se lo ha hecho encima. Respecto a lo primero, ya sería el colmo que Ada Colau tuviera ambiciones políticas cuando todos los demás agentes se mueven por puro altruismo. En cualquier caso, yo descartaría lo de desplazar a Iglesias: Iglesias se desplaza solo, como una placa oceánica. Y en cuanto a lo segundo, no deja de ser sorprendente que los indepes reprochen a la alcaldesa de Barcelona que no asuma como propio un proyecto político que no es el suyo y que puede tener consecuencias penales muy graves no tanto para ella como para los empleados de su ayuntamiento, y en cambio hayan dejado pasar como si nada la circunstancia de que esto del referéndum empezó porque Puigdemont y Asociados iban a declarar unilateralmente la independencia y se acojonaron. ¿O ya no nos acordamos de los de los dieciocho meses sin referéndum ni nada?

En fin: no preocuparse. La Diada contará en Barcelona con estrellas invitadas de la plana mayor de Podemos, no solo Iglesias, también Mayoral, Echenique, Monereo y Monedero irán a poner su granito de arena al no sius vayáis, y de paso a hacer una purga, por aquello de aprovechar el viaje. Refuerzos para el unionismo. Al independentismo, en cambio, le ha llegado sangre nueva de quien menos cabía esperar, o de quien más cabía, que ya no sé: la Fiscalía General del Estado y la Guardia Civil y su atávica obsesión con las imprentas y los periódicos. A parar la independencia buscando papeletas clandestinas. La Generalitat contraataca pidiendo a los ciudadanos que las impriman en casa. El panorama, desde fuera, no puede ser más desolador. Es como Twin Peaks solo que con Puigdemont haciendo de agente Cooper. Zizek calificó a David Lynch como “ridículo sublime”. Pues esto lo mismo, pero sin sublime.

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Autor

Xandru Fernández

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