Lo que tiene que ver - El SOMA

Lo que tiene que ver

Mientras escribo estas líneas 14 autoridades catalanas siguen detenidas, 700 alcaldes y alcaldesas están imputadas, las cuentas de la Generalitat (sin el mandato y el respaldo del Parlamento) intervenidas y las calles de Barcelona y otras grandes ciudades catalanas están llenas de personas pidiendo votar y sintiendo que les han arrebatado algo más que un referéndum. Tras la derrota en sede parlamentaria de la estrategia política del Gobierno del PP ante Cataluña ayer se estrenó una estrategia nueva, agresiva y que acaba con cualquier posibilidad de una salida negociada y política del "problema catalán". El resto del mundo nos mira asustado y con estupor. No es para menos.

No es un estado de excepción, es peor porque lo que ahora mismo pasa en Cataluña no ha sido declarado por el Consejo de Ministros ni amparado por el Parlamento ni se sustenta en nada más que en un acto de oficio de un juez que ha sorteado al TSJC y que no ha siquiera consultado la operación con la Fiscalía y bajo secreto de sumario.

Nos encontramos ante un hecho inaudito en democracia cuya resolución es, ahora mismo, incierta sino inquietante.

Y, si bien es cierto que la sociedad catalana y la mayoría de la sociedad española mostraron claramente su rechazo por lo de ayer -me remito a las concentraciones que se convocaron en distintas partes del territorio nacional en rechazo por las detenciones- no puedo dejar de sentir estupor hacia la actitud desdeñosa que parte de la izquierda española, o al menos algunos de sus integrantes, han demostrado hacia todes les que desde ayer nos hemos posicionado del lado de la política y la democracia.

Porque esto ya no tiene que ver con el derecho a decidir de los catalanes, ni con el derecho de autodeterminación, ni con el referéndum. Esto no tiene que ver con lo mal que ha gestionado el Govern el referéndum en el Parlament, ni tiene que ver con la unidad de España, ni con la CUP, ni con Rufián y su impresora, ni con lo mal que te puedan caer los catalanes. Esto no tiene que ver con el 3%, ni con los recortes de CIU, ni con la fortuna de Pujol en Suiza, ni con Ada Colau ni con las luchas dentro de Podem.

Aquiles

Esto tiene que ver con un Gobierno central corrupto y débil experto en manipular la justicia a su favor, padre de la Ley Mordaza y que entiende que la mano dura con Cataluña es su única salida frente a las causas penales a las que se tiene que enfrentar por los innumerables casos de corrupción de los que es responsable. Tiene que ver con que aquellos que afean el 3% de CIU son los de la contabilidad B, la Gúrtel, los sobres y los confetti; los que no hacen ascos, cuando lo necesitan, a gobernar con su apoyo. Tiene que ver con que los mismos que ahora intervienen las cuentas del Govern sin el mandato del Parlamento aplaudían y alentaban los recortes en la educación y en la sanidad catalana y se inspiraban en ellos para hacer los suyos. Tiene que ver con rodear con policías encapuchados la sede de un partido político sin otra función que la de amedentrar. Tiene que ver con judicializar un problema político. Tiene que ver con intentar relacionar el referéndum con el terrorismo-"apología del referéndum", ¿en serio?-, tiene que ver con registrar medios de comunicación e imprentas, en cargarse la inviolabilidad de la correspondencia. Tiene que ver con criminalizar a todo un grupo de personas, los catalanes, como ha ido haciendo el PP y sus secuaces a lo largo de los años solo para sacar rédito electoral en otros territorios. Tiene que ver con desvirtuar el uso de la justicia y utilizarla de ariete cuando no se tiene fuerza política suficiente. Tiene que ver con negarse a pactar y buscar una solución consensuada, tiene que ver con entender el poder y gobernar con machacar y aniquilar al oponente.

Esto tiene que ver con plantar cara ante los abusos del poder y denunciarlos públicamente porque la próxima vez, si callamos y consentimos, pueden hacer esto en las calles de tu ciudad para parar una huelga. Y entonces será ya demasiado tarde.

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Autor

Silvia Cosio

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