Guillem Martínez: «En Catalunya el Procès se comió al 15-M» - El SOMA

Guillem Martínez: «En Catalunya el Procès se comió al 15-M»

Guillem Martínez es periodista. No parece gran cosa, pero es que no hay tantos periodistas, a pesar de que haya tanta gente escribiendo en periódicos. Ejerce en CTXT y desde allí ha ido relatando el Procès, los prolegómenos del referéndum del 1 de octubre y, a partir de entonces, eso que él llama “la Cosa”, ese tiempo de nadie en que Catalunya y España parecen estar mutando a tal velocidad que para describirlo hay que inventarse un estilo. El estilo de Guillem Martínez se fogueó en su etapa de guionista del programa de TV3 Polònia y en libros como Barcelona rebelde, La gran ilusión o CT: Cultura de la Transición, que coordinó y prologó dando carta de naturaleza a un concepto que ya se ha vuelto célebre. En esta charla, mantenida el 9 de octubre, repasa algunos hitos de estas últimas semanas tan movidas.

Guillem Martínez

Las cosas en Catalunya, y en España, se mueven estos días a gran velocidad. No vamos a hacer pronósticos en el vacío, al menos a medio plazo, pero ¿cómo ves la relación de Catalunya con España, digamos, dentro de un año?

No tengo ni idea. Y nadie puede tenerla. Yo, a Catalunya, independiente no la veo. Mejorada no la veo, en el sentido de que esto haya servido para nada. Me puedo equivocar, puede ser independiente y puede haber mejorado, pero yo ahora lo que veo es una situación muy basta, muy de los ochenta o de los noventa, o incluso puedo leer que no ha pasado nada. Es todo muy líquido, nadie tiene ni idea.

Hemos visto salir de su madriguera a una extrema derecha española que parecía dormida. ¿Veremos un giro hacia el fascismo en el parlamento español, como está sucediendo en tantos Estados europeos?

Creo que ese fascismo no lo veremos. El fascismo es una manera de intimidar al contrario, incluso sacando un beneficio económico de ello. Yo creo que esto no lo veremos, lo que veremos serán formas de autoridad llamativas, de ultraderecha, pero estamos lejos de Hungría o de Polonia. El día 1, por ejemplo, la violencia fue muy poco sistemática, y después todos los medios de comunicación europeos se quedaron escandalizados, pero la Comisión Europea dio el OK. Yo creo que era eso lo que buscaban.

Los brotes de violencia en las calles de Barcelona y de Catalunya en general han sido protagonizados por las fuerzas de seguridad del Estado y por individuos de ideología españolista. ¿Estás de acuerdo con esta percepción?

Sí. Esa violencia se concentró sobre todo en Girona. Es muy raro. El cincuenta y cuatro por ciento de la población catalana vive en el área de Barcelona, no tiene mucho sentido ir a reprimir las zonas menos pobladas. Luego hay gente a la que se le ha ido la mano, agresiones en el metro, una marcha fascista el día de la huelga. Lo que es llamativo es que toda esta cosa ultraderechista no ha salido en el discurso del rey, no ha sido calificada de tumulto, incluso los sucesos del domingo día 8 en la manifestación quedaron integrados en una cruzada por la democracia que nos dimos en el 78 y que sigue hoy…

¿Es razonable creer que no hay conversaciones entre las elites catalana y española, que no hay desde el principio un plan B, o incluso un plan A, detrás de lo que estamos viviendo?

Yo creo que todo es muy inverosímil y que estamos gobernados por gente muy rara. El otro día me contó alguien de confianza que le llamaron de la Generalitat para pedirle un teléfono de Zarzuela porque en Moncloa nadie se les ponía. El único canal informativo del gobierno es el lobby empresarial del Puente Aéreo y tampoco creo que estén muy informados de lo que se está cociendo aquí. Hay falta de información junto a barroquismos informativos que no se entienden. Por ejemplo, el viernes 6 se produjo algún tipo de relajación por parte del gobierno y el ministro de Cultura lamentó las cargas policiales. El ministro de Cultura es el barón de Claret, un título concedido por Felipe IV a una persona que se había resistido a la República Catalana del siglo XVII. El hecho de que haya sido el barón de Claret el que lo dijera me parece un símbolo, igual que cuando el rey habla delante de un cuadro de Carlos III con armadura.

Has sido muy crítico con el Procès, también lo has sido y lo estás siendo con la forma en que el gobierno español, y el Estado español en general, ha gestionado la crisis del 1-O. ¿Te molesta que te llamen equidistante?

No, me parece un piropo. Lo de la equidistancia… Es muy bestia lo que se ha hecho en Catalunya. Es muy bestia y muy novedoso. Hubo un boom propagandístico que a mí me alucinó, que fue cuando el PP dejó el poder. Tenía una maquinaria propagandística descomunal y lo razonable hubiera sido que hubiera finalizado con su abandono del poder. Pero se incrementó, durante un tiempo el PP movilizó a toda su sociedad: manifestaciones contra el aborto, contra Catalunya, contra el matrimonio gay… Esto era nuevo: era una propaganda sin Estado. Y aquí se ha hecho también una cosa muy rara: hay unos organismos vinculados a la Generalitat, que se parecen estructuralmente al peronismo, y que hacen una propaganda descomunal y que no requiere verificación. Y de ahí sale lo de la equidistancia, diez mil trolls que se dedican a llamar equidistante al que no lo es

En términos electorales, ¿quién crees que sacará más rédito de los últimos acontecimientos?

El rédito lo sacan los nacionalismos. Y yo me siento autorizado a hablar de nacionalismos, aunque, cuando escuchas a los medios ultraconstitucionalistas, parece que todos son nacionalistas menos ellos. En este caso, tanto el nacionalismo español como el nacionalismo catalán pueden ser los beneficiarios de todo esto. Si el gobierno español se decanta por la beligerancia, eso tendrá una repercusión muy positiva en su electorado, y en Catalunya lo mismo, si se reprime al nacionalismo catalán, no hay techo, salvo que se empiecen a prohibir partidos. Ese sería un escenario: un Euskadi del pasado, reeditado. Otro escenario sería que no pasara nada. Pero por lo que se oyó en el discurso del rey, hay hambre de gol… Se puede pensar mal. En Catalunya el Procès se comió al 15-M. En el resto del Estado el 15-M está desactivado pero no lo está. Si hay una respuesta violenta, los medios de comunicación describirían una cruzada democrática contra el totalitarismo catalán: “desarticulada otra célula de la CUP”, “desarticulada otra célula del PDCat”. Aquí hay marcha para hacer épica. Y con todo esto el Estado se ha comido cualquier posibilidad de cambio en España, porque por una parte han solucionado el problema territorial eliminándolo y por otra parte, en esa vorágine propagandística, todo el post-15-M quedará en el lado de la sospecha.

Por tanto, a Mariano Rajoy, en lugar de preocupado, lo ves encantado con esta situación.

Sí, sí, por supuesto. Pero es importante tener claro que, si se pasan, se pasa la monarquía. El discurso del rey ha sido un mensaje de guerra.

Perder, estamos perdiendo en derechos, pero al menos hemos ganado un género literario nuevo, el del Procés, del que tú eres precursor. ¿Marcará tendencia?

No lo creo, pero es importante lo de los derechos, porque desde que empezó la actividad policial, aquí se ha asistido a registros sin órdenes, se han prohibido actos dentro y fuera de Catalunya, es sospechoso que se juzgue el delito de sedición en la Audiencia Nacional… La democracia como la conocíamos se ha acabado.

¿Qué se siente al ver a Vargas Llosa como portavoz de la unidad de España?

Orgullo y satisfacción... El que hizo un discurso inteligente fue Borrell. Podía haber hecho lo mismo cuando entramos en el euro. Pero el resto de los discursos era rancio, no iba más allá del nacionalismo de los noventa y los dos mil con el PP en el gobierno, incluso se llegó a llamar todo aquello como “no nacionalismo”, con todas aquellas banderas. Rancio, peligroso y con un punto de maldad, porque fue una manifestación para pedir mano dura contra un sector de la sociedad.

Acerca de

Autores

Silvia Cosio y Xandru Fernández

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