El papá de Figo Cinedín Piqué: «En Torre Iniesta tenemos los mejores genes deportivos de todo el mundo» - El SOMA

El papá de Figo Cinedín Piqué: «En Torre Iniesta tenemos los mejores genes deportivos de todo el mundo»

Ya me había resignado a no volver a trabajar en esto de las interviús cuando una llamada madrugadora me sacó de la cama y me obligó a ponerme las pilas mientras pensaba “qué expresión más estúpida, ponerse las pilas, ¿quién sería el primero, o la primera, que la usó?”, porque últimamente es que se oye muchísimo, se usa para todo, “ponte las pilas”, te lo dicen como si fuera el colmo de la modernez y ya está empezando a sonar tan viejuna como “¿diga melón?” o “ya ves truz”.

-¿Diga melón?

-Señora Abraira, tengo un encargo para usted.

Reconocí, por la voz de pito (o de pita), que llamaban de El SOMA.

-¿No será que les haga otra playlist? Todavía estoy recibiendo amenazas por la última.

-¿De la extrema derecha?

-De Patricia Godes. Teme que le quite el puesto de primera dama de la crítica musical española.

-Se trata de otra cosa. Queremos que entreviste a un futbolista.

Y hasta ahí puedo leer. El encargo me cayó como una plancha de metal de cinco toneladas, pero no me dio en la cabeza. Apunté un par de datos útiles en un papel que encontré por ahí y luego llamé a los ALSA con la esperanza de encontrar billete para Madrid en el próximo transUberiano. Hubo suerte.

Balón de fútbol

Había pensado en llevar conmigo unas cuantas cabezas de ganado, no sé, unos conejos o unas gallinas, para comerciar con los indígenas, especialmente con los taxistas indígenas, pero facturar ese equipaje me salía carísimo, casi tanto como facturarme a mí misma. De modo que me las tendría que arreglar por señas y con paciencia. Y así fue.

No encontré taxista alguno que supiera llevarme al estadio de fútbol donde entrenaba Cristiano Messi. Tranquila, Angélica, me dije. A lo mejor estás invadiendo alguna zona conflictiva del orgullo local. Prueba con Ronaldo Torres, a ver si ese sí. Probé con todos. Los taxistas reaccionaban con aparente regocijo, pero el hecho de que no dieran muestras de entender nada de lo que les decía me indicaba a las claras que no era que no pudieran sino que no querían ayudarme.

Me volví de Madrid sin entrevista, ya ves truz.

Como tampoco había ALSA y me vi obligada a recurrir a un coche compartido (no se lo digan ustedes al de la voz de pito/pita, que la factura me la pagaron como de Clase Supra), se me ocurrió apearme en un villorrio de la meseta donde tal vez encontraría, ya que no a Benzema Ramos, a algún portero de equipo local que se hiciera pasar por supermegafigura de la Liga de los Cinco Bancos Rescatados con Dinero Público, mi favorita.

El pueblo se llamaba algo así como Torre Iniesta. Me dejaron al lado de un campo de fútbol municipal donde se jugaba a la sazón un partido amistoso entre dos clubes infantiles. Que eran infantiles se sabía por la hilera de bicicletas de lujo aparcadas junto a la entrada de las autoridades, donde varios matones con gafas oscuras y mandilón impedían el paso a los reporteros de las revistas de colegio. Que era amistoso se deducía de los gritos que proferían los padres de los jugadores, audibles desde las más iniestas torres.

Me fue imposible negociar una entrevista con ninguna de aquellas estrellas en ascenso: los del mandilón eran peores aún que los taxistas, más agresivos, insobornables, aunque, todo hay que decirlo, menos rijosos. Finalmente conseguí que me atendiera el papá de un churumbel que respondía al nombre de Figo Cinedín (sic) Piqué.

-Lo de Piqué me da vergüenza, pero así es como me apellido.

-Mis lectores lo entenderán.

-Espero que sí. Yo, madridista hasta la muerte.

-Cuéntenos un poco de qué va esto del fútbol infantil.

-Bueno, aquí es donde los chavales se foguean, aprenden lo que tienen que aprender para cuando sean famosos. Se tiran al suelo cogiéndose la rodilla, dan la vuelta al campo con la camiseta tapándoles la cara ¡y sin caerse! Y lo más importante, les enseña a ser despiadados, que es algo que en esta sociedad de hoy no se valora bastante.

-Ya le digo. ¿Y de fútbol?

-De fútbol ya lo traen todo aprendido, hombre, quiero decir, mujer. Eso se mama en casa.

-¿Usted también fue futbolista?

-Bueno, durante un tiempo, sí, pero ahora lo practico más vía satélite.

-Lo de jugar al fútbol, ¿fue idea de Piqué, digo, de Figo Cinedín, o fue idea suya de usted?

-De los dos. Al chaval le gusta el fútbol desde siempre. Pero desde siempre, siempre. Le hice socio del Madrid nada más nacer. Todavía lo estamos pagando, pero los colores no se pagan con dinero.

-¿Le gustaría que a su hijo lo fichara el Real Madrid?

-Bueno, ese es mi sueño, pero yo no diría que es algo que me gustaría, es que es lo que va a pasar y punto.

-¿Cómo está tan seguro?

-A ver. ¿A quién van a fichar, si no? Si los demás niños son unos mantas.

-Pero hay niños en otros pueblos, ¿sabe usted?

-En Torre Iniesta tenemos los mejores genes deportivos de todo el mundo. Lo llevamos en la sangre.

-No lo dudo, pero no me suena que ningún jugador famoso haya nacido en este sitio.

-Porque después se lo cambian para que no se corra la voz y no se nos llene esto de extranjeros queriendo empadronarse.

-¿Es usted consciente de que lo estoy apuntando todo para publicarlo en una revista?

-¿Es usted consciente de que esos niños de ahí pueden partirle las piernas si lo hace?

-Un poco de miedo sí que dan.

-Pues ya sabe a qué atenerse.

Efectivamente, ya sé a qué atenerme. Desde que envié el primer borrador de entrevista al correo de El SOMA he notado que me vigilan. Triciclos sospechosos aparcados en la acera de enfrente. Saben que me he ido de la lengua y querrán que retire esta entrevista antes de publicarla.

Oigo unos pasitos al otro lado de la puerta y el frufrú de un mandilón que me hiela la sangre en las venas.

 

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Autor

Angélica Abraira Cúrcix

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