El feminismo como mirada transversal en la gestión cultural - El SOMA

El feminismo como mirada transversal en la gestión cultural

Me siento a escribir este texto justamente el 8 de marzo de 2017, entre celebraciones en miles de ciudades y decenas de países, con la alegría de haber hecho un paro internacional para denunciar que sin las mujeres no hay sistema posible, y con el ansia por salir a las calles a gritar que la lucha de las mujeres ha sido la lucha más radicalmente democrática que ha existido, y que aún es necesario gritar por una igualdad que sigue siendo un "espejismo", como dice Amelia Valcárcel.

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Me han encargado un texto que hable de algo que trabajo a diario, el feminismo y el arte y, casualmente, recibo en mi e-mail el último informe de la asociación MAV (Mujeres en las Artes Visuales) que ha analizado la presencia femenina en las ferias de arte contemporáneo el pasado febrero en Madrid. El dato de participación de mujeres artistas en ARCO Madrid 2017 fue del 25% sobre el total de artistas expuestos. Si nos ceñimos a la presencia de artistas españolas, el porcentaje se reduce hasta un indignante 5%.

Leo los datos mientras tomo un té, aunque quizá debería haberme preparado una tila; porque los datos, como han defendido las Guerrilla Girls desde su activismo artístico (artivismo) son innegables, no pueden ser cuestionados. Y las cifras duelen.

Justamente en la tarde de ayer me reunía con una artista española pionera en la defensa del feminismo y en las reivindicaciones de las mujeres. Charlando con ella concluíamos que muchas de aquellas que en los noventa abrían un camino en el arte contemporáneo español, están hoy fuera del circuito, ignoradas por el mercado y poco visibles. Aquí es donde quiero centrarme.

La palabra mercado es la clave; en el arte contemporáneo actual el mercado tiene un protagonismo muy importante, como una especie de monopolio que dicta qué artistas tendrán una carrera más consolidada, precisamente por haber expuesto determinadas veces en museos y centros concretos, por trabajar con determinadas galerías que acuden a unas ferias… Pero, ¿y qué pasa con quienes no entran en ese canon? Escaseaban en ARCO este año las obras en video, curiosamente un soporte muy utilizado por las mujeres artistas por su facilidad de movilidad, bajo coste y producción, y poca "historia" patriarcal detrás (frente, por ejemplo, a la pintura o la escultura).

En línea con esta argumentación sigo leyendo el informe MAV que señala que las ferias de arte contemporáneo centradas en arte emergente sí tienen cuotas de presencia femenina mayores (JustMad un 35% y Hybrid un 49%). ¿Son estos datos a celebrar? Me temo que no.

Como decía antes, los canones artísticos del mercado reproducen los modos de hacer de un sistema patriarcal. Por tanto, al igual que hay muchas más graduadas en Derecho que graduados, pero apenas mujeres en los altos tribunales, en el arte, ese terreno "de libertad", se reproduce un techo de cristal muy interesante. Las mujeres que comienzan su carrera (donde, por cierto, también son mayoría en el grado de Bellas Artes) hacen que las cuotas se equiparen, y en esa franja entre los 25 y los 35 encontremos esas cifras superiores a ARCO en las ferias emergentes.

Pero, ¿qué pasa a partir de los 35? Pues que se sigue penalizando, como en el resto de profesiones, la maternidad y los cuidados. Especialmente en este sector ahogado por una precariedad crónica que hace que solamente un 15% de artistas (hombres y mujeres) puedan vivir de su trabajo1. Imaginemos entonces cuántas de ese 15% pueden ser mujeres.

En el momento en que se debate en el Congreso la creación de un Estatuto del Artista, es importante no dejar pasar la oportunidad de incluir puntos que profesionalicen el sector sin caer en errores de otras profesiones. Por ejemplo, la importancia de la corresponsabilidad o que no se penalicen los cuidados y la maternidad.

El techo de cristal, bien se sabe, tiene ese problema de ser "de cristal", de no verse, y por tanto difícil de rebatir; en cualquier debate con galeristas o profesionales que dirigen museos, te dicen que no se trata de no incluirlas a ellas sino que prima "la calidad" o que "es difícil encontrarlas".

Estos argumentos me invitan a, efectivamente, tomarme la tila del principio del texto ya que, en el tiempo que llevo trabajando en este sector desde la gestión cultural nunca, y digo claramente, nunca me ha sido difícil encontrarlas. Y no es una cuestión de calidad ni de edad, sino de conciencia.

A propósito de la charla que mantenía ayer con la artista que abrió camino en los noventa, siento un gran respeto y un profundo deber por devolver a esas que iniciaron caminos un lugar que las reconozca como merecen, porque si de algo va el feminismo es, precisamente, de hacer justicia.

Eso por un lado; pero también por otro me imagino a mí misma, dentro de 20 años, en la misma situación. Los modos de hacer patriarcales, que impregnan todo pero especialmente el mercado, no pueden ser los que tomemos como referencia para seguir trabajando. Tenemos un compromiso por hacer una cultura que sea feminista, ya que el feminismo es transversal y debe llegar a cualquier parte de nuestra vida diaria.

Les debemos a las que vinieron antes el poder estar haciendo lo que hacemos hoy, y a las que hoy representan ese 49% en Hybrid, no ser un veintipico cuando pasen los 35.

No lo sé, quizá me estoy poniendo demasiado emotiva; el día da para ello, y son muchos motivos para celebrar hoy 8 de marzo, y al tiempo pelear cada día del resto del año. Pero llevo grabada en mi mente una frase que una vez me dijo una activista de Feminismos Sol, también mayor y con solera, que me dijo: "Cuando tiras una piedra al agua, nunca sabes a dónde llegan las ondas que genera".

Esa es mi posición en el arte. Tirar piedras, mover ondas. Esperando que lleguen a muchas y muchos otros que quieran seguir batallando.

1 Estudio de Marta Pérez Ibáñez e Isidro López Aparicio, "La Actividad Económica de los/las Artistas en España", Fundación Nebrija y Universidad de Granada.

Acerca de

Autor

Semíramis González

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