El cuerpo del pecado - El SOMA

El cuerpo del pecado

La Torá, la Biblia, el Corán, cada uno de ellos en su época, han respondido a la voluntad política de inscribir en mármol la superioridad de los hombres sobre las mujeres. Todas estas religiones han sido, y están, dirigidas por patriarcas en sociedades que ya por aquel entonces eran patriarcales.

La estrategia se define básicamente de manera que un hombre decreta que las mujeres son sucias, culpables, malvadas, viciosas y por ende, inferiores. Ese hombre se ve representado por medio de los emisarios en la Tierra de la palabra escrita en dichos libros: el clero. El núcleo duro de la Iglesia, la comunidad que comparte, defiende y lucha por una religión casi como un ejército.

Acción de FEMEN en una iglesia

Nada que ver tenía la noción primitiva de Iglesia que hablaba de la congregación del pueblo entorno a temas políticos con fines asamblearios con la que manejamos desde el nacimiento del cristianismo.

Ahora la Iglesia que existe en Estados como el español no está conformada solo por inocentes fieles que acuden a misa. Se compone de un clero corrupto, lleno de casos de abuso sexual contra menores, de discursos misóginos que no tienen miedo a emanar de sus bocas y ser recogidos por la prensa. Se compone de un lobby anti-elección que no quiere dejar a las mujeres decidir sobre sus propios cuerpos, que denuncia a cualquier mujer que se atreva a enfrentarse cara a cara con ellos, y que mina cualquier intento crítico para con la religión en espacios no confesionales y públicos, por medio del dinero y la intimidación incluso judicial.

Los esfuerzos de la religión patriarcal por difundir una imagen errónea de las mujeres han dado lugar a un sexismo exacerbado y global, que ha sido una de las causas de la masacres más grande de la historia: la muerte de mujeres por el hecho de serlo.

Pues no podemos negar los crímenes de honor y deshonra, la quema de mujeres acusadas de brujería, las lapidaciones, las ejecuciones a causa de actos “impuros” o “pecados”...

Aquellos que quieran desdibujar la historia violenta de la Iglesia católica para con las mujeres recurrirán rápidamente a cuentos bíblicos clásicos como el de la adultera y Jesucristo. Uno de los episodios de mansplaining más famosos del cristianismo. Aqui se menciona un caso de adulterio donde la mujer que debía ser condenada a lapidación es perdonada por Jesucristo, que culmina con una frase de hombre que enseña a la mujer lo que debe y no debe hacer: “vete y no peques más”.

Sin embargo esta bondadosa acción de Jesús de Nazaret no serviría de mucho, especialmente después de su muerte, y gracias a su Iglesia, dado que la Biblia, con su mangnífica fusión entre Antiguo y Nuevo Testamento, ha encontrado más de una justificación a lo largo de los tiempos para acometer violencias contra las mujeres y desterrarlas al papel de esclavas del hombre, divina y terrenalmente.

Probablemente las mayores violencias de la Iglesia católica hacia las mujeres se han ejercido gracias a su alianza con el Estado. En lo que refiere a este tema, el cuerpo de las mujeres siempre ha estado en el centro del conflicto puesto que el control sexual y reproductivo es la base para la dominación, y a la vez liberación, de una clase por entero dentro de la sociedad.

Se torna entonces bastante lógico que la Iglesia católica hiciera tan buenas migas en este estado con la dictadura franquista.

La Iglesia católica entiende que las mujeres somos meros objetos de reproducción y cuidado. Mujeres destinadas a ser madres e imitar el modelo de la virgen María. Una mujer entregada y sumisa que se someta a los mandatos del patriarca terrenal, ya sea un dictador o un marido, asi como a los del patriarca divino, Dios. Uniendo los conceptos de maternidad y sexualidad, entendiendo que no puede haber un disfrute sexual si no es con un fin reproductivo. Así, el dogma religioso tumba toda idea liberadora entorno a la concepción, el disfrute y la planificación familiar libremente elegida.

El aborto había sido considerado un crimen por parte del gobierno y el sistema patriarcal en España salvo durante un pequeño período cuando fue regularizado y legalizado durante la II República, de la mano de la ministra de Sanidad Federica Montseny. No obstante, y como es natural por parte de las dictaduras y gobiernos autoritarios, fue totalmente prohíbido con la llegada de Franco al poder en el año 1939. Una decisión aplaudida por la Iglesia católica, beneficiaria directa del franquismo y mano derecha del dictador como corresponde al nacional catolicismo.

El aborto simbolizaba un crimen castigado con penas de cárcel, asi mismo, la venta de anticonceptivos estaba también vetada. No por ello se dejaron de producir abortos durante la dictadura franquista (1939- 1975). En 1976 en España, antes de que la legislación entorno al aborto empezase a tramitarse en período de transición democrática, morían de 200 a 400 mujeres por someterse a abortos ilegales. Durante este tiempo el debate entorno al aborto y los anticonceptivos estaba vigente dentro de la sociedad española.

La Iglesia y la cultura dominantes sentían ser cuestionadas. Asi como el modelo de familia que para ellos constituía el elemento básico en la reproducción y control social. La célula básica de la producción y reproducción estaba en crisis. A la vez, la ley del divorcio y la despenalización de los anticonceptivos estaban en marcha.

La clase médica conservadora, los sectores confesionales, derechistas y la Iglesia conformaban el frente de oposición principal a la ley y al derecho a decidir de las mujeres. La Iglesia destaca el carácter criminal del aborto desde el comienzo del desarrollo de la ley del 85. Mientras el feminismo insistía en que el aborto debía de dejar de ser un tema privado y dimensionarse social, política y económicamente.

Finalmente en 1985 se consigue la primera ley que despenaliza el aborto en determinados supuestos. El acceso a la planificación familiar y los anticonceptivos asi como el derecho al divorcio suponen libertades ganadas tras una época oscura marcada por la relación misógina entre la Iglesia y el Estado.

Desde entonces, y a pesar de la nueva ley que en su momento aprobó el Partido Socialista que defiende el derecho al aborto libre, seguro y gratuito, las amenazas sobre los derechos reproductivos de las mujeres han sido múltiples. Pues no fue hace mucho cuando Gallardón defendiendo una postura arcaica y claramente moralista y religiosa, intentó por todos los medios reformar la ley del aborto buscando una legislación prohibicionista y contra la salud de las mujeres.

La respuesta feminista ante esto fue contundente, dura, radical, y consiguió no sólo tumbar su propuesta de ley sino demostrar que los derechos de las mujeres ganados a través de tantos años no son nada que la Iglesia o cualquier gobierno pueda cuestionar y creerse en la libertad de recortar.

Progreso y religión resulta un binomio incomprensible cuando hemos de tener en cuenta que los Derechos Humanos y la igualdad deben ser la premisa intocable con la que construyamos un nuevo modelo de sociedad.

No ha de haber nada más sagrado que la igualdad entre las personas independientemente de su género o capacidad reproductiva cuando hablamos de evolución. Dejar en manos de la Iglesia cualquier tipo de poder o influencia política equivale inmediatamente al sometimiento y postergación de la emancipación femenina en la vida civil. Pues una democracia real, fuerte y justa no puede nunca basarse en escrituras o instituciones morales que defiendan que hay cuerpos creados para ser encerrados y controlados por haber nacido a través de la costilla de otro ser, irónicamente, de igual condición humana.

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Autor

Lara Alcázar Miranda

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