Diez canciones de misa diaria - El SOMA

Diez canciones de misa diaria

No, señores de El SOMA, dije, no pienso entrevistar a Cañizares ni aunque me paguen todos los atrasos, antes vuelvo a entrevistar a Clavelina. Y así fue que me quedé emplazada a abandonar esta vida crápula que llevo de medio reportera medio disc-jockey si no preparaba una aportación, siquiera fuera mínima, al homenaje que El SOMA le había preparado a la Iglesia católica y sus cosas. Mejor disc-jockey que listilla, me dije, y he aquí el hit parade que compuse mientras me arreglaba las uñas para ir al Orgullo. Diez canciones de curas, con curas, sobre curas y contra curas, o similares. Que ustedes las disfruten. Si no me despiden antes, volveremos a leernos después del verano.

La Polla Records, “Salve Regina”

En 1984 todavía se llevaban dos cosas: el anticlericalismo y la batería electrónica Simmons. Que no sé si es exactamente ese el modelo que suena en esta canción mítica de La Polla, pero lo que sí es seguro es que el anticlericalismo sí es de etiqueta negra. Para cantar en pubs con posters de Makoki en las paredes y hucha solidaria con los insumisos presos.

Siniestro Total, “Yo dije yeah”

La mejor banda gallega del Medio Oeste también era, como los Blues Brothers, una banda con una misión de Dios. La misión consistía fundamentalmente en tocar las narices, pero allá a principios de los años noventa vieron la luz y grabaron un disco con la única intención de demostrar que, además de autores de canciones para corear en el ya citado garito Makoki, eran un grupazo de flipar. Rocanrol.

Los Enemigos, “Septiembre”

Siempre he pensado que, si hubiera habido rock en la posguerra española, habría sido algo como lo que hacían Los Enemigos. Quien dice posguerra dice Siglo de Oro. El lugar común de la oveja descarriada, de la joroba en la espalda de Dios, un motivo kierkegaardiano que, a mi juicio, Josele Santiago tradujo al castellano mucho mejor que el celebrado Unamuno y con más flow.

Barricada, “Sotanas”

Un álbum entero dedicó Barricada a diseccionar la guerra civil española y en él, cómo no, esta canción que no se anda por las ramas: “esta es la Iglesia de España”. Sobran los comentarios.

Golpes Bajos, “Santos de devocionario”

¿Cuánta ironía hay en las canciones de Golpes Bajos? Tienen más capas que una cebolla y una nunca está segura de si ha llegado a la interpretación más justa. Tienen mucho de estampa costumbrista, pero también huelen a hospital psiquiátrico de los de antes de Guillermo Rendueles. Algunos personajes de las canciones de Los Enemigos (vid. supra), si cantasen, cantarían canciones como esta.

Parálisis Permanente, “Quiero ser santa”

No podía faltar este hit oscuro y claustrofóbico (a mí no me miren: es lo que siempre se dice de Parálisis Permanente, no voy a ser yo menos). ¿Cómo se nos iba a pasar, en un recorrido por la cosa religiosa, el catálogo de llagas, automortificaciones, martirios, sadomaso y demás? Si a fin de cuentas es lo más jugoso, y el cuero y las gorritas de plato le dan mucho glamour.

Lagartija Nick & Enrique Morente, “Sacerdotes”

Los curas también sirven para hacer poesía. Y hasta poemas de amor. Y metáforas con duende y obras maestras como esta.

Def Con Dos, “Trabajando para Dios”

Si nos dejamos de chorradas, tenemos que reconocer que el oficio de cura ha salvado muchas vidas: las de los propios curas. En efecto, cuando la miseria aprieta, hacer carrera en la Iglesia no es la peor de las opciones, al menos desde el punto de vista alimenticio. Más hostias da el hambre. “Trabajando para Dios” describe ese puesto de trabajo con una precisión que ya quisiera el Instituto Adolfo Posada.

Javier Krahe, “Los caminos del Señor”

Aquí, un damnificado: el cantor que cocinó un Cristo, denunciado y juzgado por ello, en uno de sus grandes momentos. Acabo de ponerme un sombrero para poder quitármelo.

N’Arba, “El cura ta malu”

Digamos para acabar que lo de meterse con los curas no es un invento progre ni una conspiración bolchevique, sino una de las tradiciones más venerables de la Europa de inspiración cristiana. La lírica popular está llena de coñas y variaciones sobre el tema. Aquí, Ambás poniendo voz y nervio a una historia  tan vieja como el Edicto de Constantino: el cura y la criada.

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Autor

Angélica Abraira Cúrcix

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