Deporte y política en las ciudades del cambio - El SOMA

Deporte y política en las ciudades del cambio

Vamos a empezar, dado que entre los lectores no supongo muchos deportistas o asimilados, recordando la diferencia entre Actividad Física y Deporte:

  • De entre las muchas definiciones posibles de Actividad Física, me gusta especialmente esta: La actividad física es todo movimiento del cuerpo que hace trabajar a los músculos y requiere más energía que estar en reposo. Caminar, correr, bailar, nadar, practicar yoga y trabajar en la huerta o el jardín son unos pocos ejemplos de actividad física

  • Deporte es una actividad física reglada, habitualmente de carácter competitivo, que incluye el entrenamiento específico orientado a la obtención de mejores resultados.

Desde amplios sectores de la izquierda, ha existido un prejuicio casi genético hacia la práctica deportiva: conceptos como la nación, la raza, la masculinidad, la victoria, ampliamente asociados al deporte por los regímenes autoritarios, han alejado históricamente a la izquierda del mundo del deporte, casi como agua y aceite.

Pista de atletismo

Desde el marxismo, se ha equiparado demasiadas veces el deporte con la religión como opio del pueblo, como un instrumento más para el sostenimiento de las relaciones de dominación entre clases.

En nuestro país tenemos una digna excepción en la Institución Libre de Enseñanza, (curioso lo de esta Institución que fue excepcional en todo), que recogiendo las corrientes europeas, incluyó la educación física como parte importante de la formación integral de niños y niñas:

“La práctica de deportes son la más grande escuela de educación social. Además, facilitan la integración del individuo en la colectividad, desarrollan la iniciativa y son un modelo de disciplina objetiva” José Castillejo, último director de la ILE

Y una más reciente, que explica en parte el éxito del FC Barcelona entre algunos sectores progresistas, en los artículos de Manuel Vázquez Montalbán:

“En estas conversaciones acabó de cocinar, a fuego lento, una concepción del fútbol y del Barça, que hizo posible la integración de sus raíces populares con los posicionamientos ideológicos de la izquierda progresista, superando así los prejuicios de la interpretación marxista más ortodoxa que asociaba el deporte a los movimientos totalitarios”. Jordi Osúa. El deporte en la vida y en la obra de Manuel Vázquez Montalbán.

Pero hay más razones que han lastrado la construcción de una sociología del deporte desde una óptica progresista:

  • La errónea identificación de cualquier manifestación deportiva con el fútbol profesional y su absoluta mercantilización, si bien es cierto que los conceptos más negativos del fútbol emponzoñan casi cualquier manifestación deportiva de base. Esta mala contaminación del fútbol hacia el resto de deportes se observa claramente con un dato: de entre las 18 modalidades deportivas que el Ayuntamiento de Madrid imparte en más de 550 Escuelas de Promoción en Centros Escolares, el Fútbol-Sala es anualmente en el que menos niñas participan (apenas un 7%), muy por debajo de deportes como el rugby, la lucha o el balonmano.

  • La gestión del deporte asociado a la Cultura, así con mayúsculas, en prácticamente todas las instituciones públicas (Estado, autonomías y municipios), lo que ha devenido en una especie de “maría”, en la que el “chandalismo” pierde siempre.

  • Por último, señalar que desde sectores bienintencionados del mundo del deporte, se ha hecho en ocasiones, una canonización excesiva de los valores positivos de la actividad física, una especie de “bálsamo de Fierabrás” con el que una sociedad más deportista sería “per se” una sociedad mejor, olvidando factores negativos como el dopaje, la violencia, la competitividad excesiva…

¿Cuales son los valores de la actividad física y el deporte que deberían ser tenidos en cuenta para definir una política progresista?

  • El valor de la actividad física para la mejora de la salud y el bienestar de los ciudadanos. Nadie discute hoy que 1 € invertido en promoción deportiva de base significa varios euros de ahorro en el sistema sanitario.

  • El valor de la diversidad. Al igual que en otros ámbitos de la vida pública, la diversidad, las minorías, constituyen una riqueza social que debe ser protegida y apoyada. Es decir, el fútbol tiene la fuerza necesaria para autofinanciarse. Si no lo hace en las ciudades medianas y pequeñas es por problemas de corrupción y de´ficits democráticos en sus estructuras, empezando por el “villarato” de la Federación Española de Fútbol.

  • El valor del asociacionismo. Hoy, los clubes y entidades deportivas se presentan como uno de los escasos y mayores fenómenos de socialización y empoderamiento vecinal: desde las AFAS hasta las federaciones deportivas.

  • El valor de la igualdad. En la práctica deportiva se atenúan las diferencias sociales, por eso es necesario garantizar unos servicios deportivos de acceso universal, tanto de género como para personas en riesgo de exclusión social, de calidad y próximos a los ciudadanos.

  • El valor del juego. Este aspecto del juego confiere a la práctica deportiva su validez como instrumento para la transmisión de valores positivos.

En nuestro ordenamiento jurídico, la promoción deportiva es una competencia propia de los municipios. Competencia consagrada en la obsoleta Ley del Deporte nacional (10/1990, de 15 de octubre), como en las diferentes leyes del Deporte autonómicas y en la Ley 7/1985, de 2 de abril, reguladora de las Bases de Régimen Local y sus posteriores modificaciones ne la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de las Administraciones Públicas (Ley 27/2013, de 27 de diciembre)

Por ello, los denominados “Ayuntamiento del cambio”, suponen una punta de lanza para la implementación de nuevas políticas deportivas, que deberían pasar por los siguientes paradigmas:

  1. En primer lugar, un servicio público. Servicio público guiado por los principios de igualdad y transparencia, dejando lugar a la ciudadanía mediante unos presupuestos participativos. El Área de Deportes de un municipio se presta especialmente a que las decisiones en inversiones las decidan los ciudadanos, huyendo en lo posible de grandes inversiones y construyendo o mejorando las instalaciones de proximidad.

  2. Un vehículo para la promoción de la salud, a través de programas transversales que impliquen a los servicios de salud, servicios sociales, educativos y, por supuesto, a los profesionales del deporte municipal (Licenciados en Educación Física, Técnicos Deportivos, Promotores...)

  3. Una herramienta para fomentar la formación de ciudadanos activos, autónomos y corresponsables de su bienestar físico.

  4. Un apoyo directo a las iniciativas de la sociedad, mediante una política de incentivos y subvenciones a experiencias de asociaciones deportivas en las que primen la accesibilidad, la igualdad de género, la inclusión social, etc, mediante baremos públicos tanto para la concesión de incentivos económicos como para el acceso a la cogestión de determinadas instalaciones públicas.

  5. Una puerta de entrada a la práctica deportiva para los niños y niñas mediante la potenciación de las escuelas en centros escolares y centros deportivos municipales.

  6. Un espacio seguro para la práctica deportiva bajo parámetros de calidad y seguridad, mediante la contratación de profesionales del deporte para el diseño y dirección de las actividades.

  7. Un laboratorio y refugio para los deportes de práctica minoritaria, tanto adaptando o construyendo instalaciones apropiadas como difundiendo y albergando sus modalidades en la oferta municipal

Desde mi experiencia en Ahora Madrid, he podido comprobar el escaso interés que despierta la gestión del deporte municipal en mi ciudad, tanto en la elaboración de los programas electorales, como en los dos años transcurridos desde la victoria de mayo de 2015.

Medidas muy positivas como la rebaja de los precios públicos o la inversión en accesibilidad en las piscinas cubiertas, no pueden ocultar una falta de un programa completo para los servicios deportivos municipales.

Evidentemente, la actividad física y el deporte no constituyen hoy aspectos prioritarios para el bienestar ciudadano, pero con medidas adecuadas puede contribuir con eficiencia, medida en la relación entre inversión y resultados, a la mejora de nuestras ciudades.

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Autor

Eloy Santos

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