Adrian Vogel: «El fútbol era un fenómeno de masas y la dictadura no desaprovechó su tirón» - El SOMA

Adrian Vogel: «El fútbol era un fenómeno de masas y la dictadura no desaprovechó su tirón»

Adrian Vogel nació en Rumanía pero lo practicó poco. Vivió en Francia, España, Estados Unidos, Inglaterra, pero fue en la prensa musical española (y especialmente en la radio, junto a Mariscal Romero y Carlos Tena) donde se hizo un hueco y moduló una voz propia. Se llevó esa voz a la industria musical (Sony, Nuevos Medios, Gong, Polygram) y luego le dio forma escrita, alternando la temática musical (Dylan: un libro de A.U., junto a Álvaro Feito, Gonzalo Garciapelayo, Juan de Pablos y Antonio Gómez, entre otros) con la deportiva (Mi Mundial Brasil 2014). En abril de 2017 publica Bikinis, fútbol y rock&roll: Crónica pop bajo el franquismo sociológico.

Adrian Vogel con Michael Jackson

Susana Díaz proponía como medida estrella de su “programa cultural” una política de turismo: la cultura entendida como servicios al turista. En su libro subraya la habilidad de Manuel Fraga para utilizar el turismo al servicio no solo de la economía española sino también, y muy especialmente, para reforzar la hegemonía cultural del franquismo. ¿Son dos caras del mismo modelo cultural o se ha producido un vuelco entre un modelo y otro?

Cuando lo leí por primera vez pensé que era una broma de El Mundo Today o un sitio parecido. Más que dos caras del mismo modelo o un vuelco es claramente una regresión. Susana Díaz ha pasado del Bienvenido, Mr. Marshall al "Bienvenido, Mr Ming". Lo de Fraga tenía un doble objetivo, el turismo como generador de ingresos y una operación de imagen de la dictadura de cara al exterior, que redundaría en la obtención de esas ansiadas divisas. Pero eso era entonces y correspondía a una realidad bien concreta y diferente a la actual, en la que España es hoy una primera potencia mundial turística. Ese “planazo” cultural de Susana Díaz y su equipo demuestra el poco contacto que tienen con la realidad. Y con su partido, donde ha sido derrotada de forma estrepitosa tras provocar un golpe palaciego, que como se ha demostrado no tenía ni pies ni cabeza.

Otro de los “méritos” que usted atribuye a Manuel Fraga es el de haber utilizado a buena parte de la cultura más vanguardista para legitimar al régimen (“operación vanguardia”), o más concretamente, para vender la imagen de un franquismo aperturista y “moderno”. Medio siglo más tarde, ¿está ocurriendo algo parecido con la Cultura de la Transición? ¿Cree usted que los poderes fácticos están utilizando a las voces más gamberras y supuestamente transgresoras para desactivar los avances y las demandas de los sectores más progresistas?

No. No lo creo. Y entiendo que pueda ser una respuesta políticamente no correcta en estos días. La “operación vanguardia” del Régimen respondía a aspectos muy determinados. A saber, primero el talento. En el caso del arte España siempre ha sido un país de pintores. Fraga puso su mirada en la nueva capital, Nueva York. El mercado estadounidense había desplazado a París. Fraga era proamericano lo cual también suponía un cambio en la dictadura. Y dentro de la Guerra Fría había tres escenarios en los que los dos bloques se disputaban la hegemonía: el científico (con sus ramificaciones tecnológicas y militares), el deportivo y el cultural. En este último las apuestas, patrocinadas por la CIA a través de redes empresariales, el arte de vanguardia neoyorkino era la punta de lanza. A través del Instituto de Cultura Hispánico se replicó ese modelo con los informalistas españoles. El problema surgió cuando el Fraga ministro quiso aplicar la misma fórmula a la música supuestamente de vanguardia. El talento era escaso o dudoso. Nuestros atonales no eran vanguardia. Ni Luis de Pablos, ni Cristóbal Halffter ni Tomás Marco, etc. La vanguardia estaba en el rock & roll. En los primeros grupos que surgieron, los pioneros de la nueva música joven en nuestro país. Es interesante observar como en una extraña confluencia de intereses los de “la internacional conservadora”, formada por el Kremlin, el Partido Republicano estadounidense y el Vaticano, se opusieron al rock & roll. Ahí estaban los focos de rebeldía y el poder establecido se opuso. Esa nueva música a su vez creó otro poder, el económico basado en el talento, nuevas empresas y modelos de negocio más un poder de consumo joven desconocido hasta la fecha. De eso también se trata en “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll”. Hoy en día las voces más gamberras y transgresoras provienen del rap y del trap. Y no veo a los poderes fácticos usando o acercándose a estos fenómenos juveniles. ¿Se repiten los mismos esquemas de rechazo por parte del poder? Parecería que sí.

¿Cómo resumiría el papel cumplió el fútbol durante la dictadura franquista?

Como cuento en el libro el fútbol fue militarizado y se prohibió que los jugadores cobrasen más que un coronel. Eso se rompió con el regreso de Lángara, el futbolista más famoso que eligió el exilio como salida profesional tras la Guerra Civil (jugó en México y Argentina, donde aún se mantienen varios de sus records goleadores). Su regreso, anhelado por la dictadura, fue también una operación de imagen. La persona encargada para allanar los problemas políticos y legales (como su salario) y posibilitar su fichaje por el Oviedo fue ni más ni menos que el cuñado de Franco. El fútbol ya era un fenómeno de masas y la dictadura no desaprovechó su tirón. Los equipos españoles, especialmente el Real Madrid, triunfaban internacionalmente. Y la selección lo hizo en 1964. Paseaban el nombre de España. El franquismo no pasó por alto semejante oportunidad.

La negativa de Franco a que la selección española jugara contra la URSS le dio a esta la Eurocopa de 1960. ¿Fue un suceso anecdótico en la historia del fútbol español, o tuvo más trascendencia de la que los medios le dieron en su momento?

La trascendencia de la medida en su momento fue ocultada por los medios. Se les obligó a silenciar los verdaderos motivos. Y no fue un caso aislado al fútbol. Sucedió también en el baloncesto. El Real Madrid se clasificó en 1958 por primera vez para jugar una semifinal europea. No se autorizó su viaje a Riga (entonces parte de la URSS). En 1961 pasó de nuevo y esa vez se solucionó jugando los dos partidos en canchas neutrales. Al año siguiente, 1962, el Madrid llegó por primera vez a una final europea. Se enfrentaría al Dinamo de Tiflis, club soviético. La final (se disputaba a doble partido) pudo celebrarse gracias a la intervención de Raimundo Saporta, vicepresidente blanco y directivo de la FIBA: logró que se jugase a partido único en Ginebra, terreno neutral. Ganaron los soviéticos. Al año siguiente los blancos jugaron la final contra el CSKA de Moscú. Tras muchos dimes y diretes se autorizó al Madrid viajar a la capital soviética (la primera vez que un equipo español viajaba a la URSS) y al equipo ruso aterrizar en Madrid. En el 64 la selección soviética jugó la fase final de la Eurocopa de fútbol en España, perdiendo la final contra nosotros.

Usted llegó a España procedente de la Rumanía comunista. ¿Encontró muchas diferencias en cuanto a la utilización propagandística del deporte en ambos países?

Salí de Rumanía con dos años y llegamos a España cuando yo tenía cuatro años. Las diferencias o semejanzas las observé con posterioridad. Como he comentado antes el deporte era un arma propagandística de los dos bloques enfrentados en la Guerra Fría. Y España no escapaba a estas circunstancias. Rumanía pertenecía al bloque soviético. Sí recuerdo comprobar el estado de las cosas por los envíos que se hacían desde Madrid a mi familia materna en Bucarest. No era lo mismo cuando se mandaban tostadoras, transistores o secadores de pelo frente a situaciones más precarias que implicaban paquetes con mantas, aspirinas o sobres de sopa.

Un balance de la movida madrileña: ¿maquillaje del nuevo régimen, superación del franquismo, oportunidad perdida?

Superación del franquismo sin duda. O al menos un intento desde un punto de vista emocional. El país se sintió liberado y los jóvenes tenían ganas de juerga. De fiesta. Digo tenían y no teníamos porque vivía en Nueva York desde 1981. Ahora bien, el franquismo es como la esclavitud: se necesitan varias generaciones para superar los traumas y cerrar muchas heridas provocadas por los daños colaterales.

La presencia de mujeres en la industria musical ¿favoreció la visibilidad de estas en el mundo de la cultura? ¿Qué ocurrió con los estereotipos de género del franquismo: pervivieron, se disfrazaron, desaparecieron?

Supongo que sí, aunque parece haber un empeño en ocultar su presencia. Hace poco El País sacó un excelente suplemento sobre mujeres en áreas relevantes. Las mujeres de la música brillaban por su ausencia. Y fueron pioneras entre las pioneras. En el mismo medio en lo que ahora es el Tentaciones entrevistaban a mujeres de mundo musical de hoy e ignoraban por completo tres décadas de mujeres. La reportera por supuesto participaba de la ignorancia. Por eso insisto en el libro sobre ello porque soy consciente de esa falta de visibilidad. A todos los niveles: autoral, artístico, directivo y empresarial. Y sería bueno que alguna tomase el guante que lanzo y contasen específicamente la historia de las mujeres en la industria musical. Que tanto ayudaron a normalizar su presencia en otras industrias culturales. En cuanto a los estereotipos hay de todo: pervivieron en algunos casos y se superaron en otros. Si observamos detenidamente el perfil sociopolítico de las pioneras es diverso. Desde el Opus (cómo sería la dictadura de carca que el Opus parecía moderno) hasta el PCE pasando por mujeres sin filiación política alguna.

A finales de los años ochenta se vivió una “españolización” lingüística y temática del pop español. ¿Triunfó esa tendencia? ¿Encontró resistencia?

En los 90 hubo grupos que cantaron y triunfaron en inglés como vuestros Australian Blonde o Dover. Lo de la españolización viene de largo. Desde el principio, si nos referimos al rock & roll. Las versiones en español de clásicos como “El rock de la cárcel”, “Popotitos”, “La plaga”, etc. son los primeros pasos del rock en español. Había grupos como Los Bravos que tuvieron éxitos cantando en español aquí y en inglés fuera de España. Burning empezaron cantando en inglés y triunfaron en español. Los del rock andaluz del principio cantaban en inglés y tuvieron hits en español (Smash). La siguiente hornada abandonó definitivamente la lengua de Shakespeare como Triana, Alameda, Medina Azahara, etc. Lo mismo puede decirse del rock catalán a lo largo de su historia, con un componente añadido, el catalán. Ha sido un panorama cambiante que respondía a planteamientos artísticos y que tuvo el apoyo del público. Siempre y cuando las canciones fuesen buenas. El talento siempre se impone, el idioma es un vehículo que a veces depende de modas y tendencias.

Un balance: ¿contra Franco nos divertíamos mejor?

No. Una dictadura tiene poco de divertido, salvo que formes parte de ella. Hubo una época, sobre todo los años anteriores y posteriores a la muerte del dictador, en la que estudiantes y obreros volaban. La policía efectuaba tiros al aire y había heridos y muertos. A los asistentes a los conciertos de rock de Madrid y Barcelona nos cacheaban, pegaban, detenían. Nuestros signos de identificación (pelo largo, vaqueros, cazadoras, etc.) facilitaban la labor represiva. Los recitales de los cantautores comprometidos si se llegaban a celebrar, porque se prohibían, solían acabar en carreras y cargas policiales. Divertido no resultaba. Arriesgado sí.

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Autor

Xandru Fernández

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